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 Debate de Cuba
Cubamulata
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Un buen libro para los CUBANÓLOGOS YUMAS!
13.07.2007 14:09
EN NEGRITA LO SUPER ....para mi opinión!!!!!

Libro:CASTRO L'INFIDÈLE
Autor:SERGE RAFFY
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CARTA ABIERTA A SERGE RAFFY, AUTOR DE CASTRO L'INFIDÈLE
version française

( leer tambien respuesta a la respuesta de Serge Raffy )

La Habana, domingo 8 de febrero de 2004

In-estimable Serge Raffy:

Por honestidad intelectual elemental (un concepto cuya existencia y esencia usted parece ignorar), esperé tener su libro en mi poder para dirigirle estas reflexiones que me moría de deseos de hacerle llegar desde que leí su contraportada y algunas páginas en Le Point.

Y aquí estoy, ante su « esperpento » sin saber muy bien cómo abordarlo. Le doy vueltas, lo huelo a riesgo de sentir naúseas (ciertamente no huele bien), lo palpo, lo miro de arriba abajo, pero se niega a entregarme su secreto y a responder mi pregunta: ¿qué eres? De modo que quizás usted me lo pueda aclarar: ¿biografía, ensayo, novela, ciencia-ficción, trabajo de desahogo, biografía novelada, novela biográfica, folletín? En el fondo, la amalgama de géneros concuerda con la amalgama sin más que emplea a lo largo de estas 672 páginas.

Al respecto, debo quitarme el sombrero ante usted. Su Castro l’infidèle fue publicado en septiembre de 2003. Ahora bien, cuando nos encontramos en febrero de 2001 -sí, ¿acaso es necesario recordarle que usted vino a mi casa en La Habana y que estuvimos conversando durante toda una tarde?- no me impresionó mucho por sus conocimientos sobre Cuba, su historia, su cultura, su Revolución: eran bastante ligeros en aquella época. Y he aquí que apenas dos años y medio después, usted nos « comete » (nunca como en este caso se ha utilizado mejor esta curiosa expresión típica de los medios universitarios y de investigadores según la cual se escribiría un libro como si se cometiera un crimen o un pecado) un pesado ladrillo en cuya contraportada usted nos anuncia (como sabemos, por lo general los autores los redactan) un montón de « revelaciones » sobre un montón de cosas, nos explica « por fin » la muerte del Che, nos habla sin inmutarse de « largos años de investigaciones », de « cientos de entrevistas ». En resumen, de creerle, su libro sería la Summa Castrensis definitiva. Y usted, un stajanovista de la investigación…

Pero, si bien no me dejó boquiabierto por sus conocimientos sobre Cuba, me dio en cambio la impresión de ser un tipo honesto, deseoso de escribir una biografía seria de Fidel Castro. Por demás, usted esperaba ansioso por una entrevista que le hacía brillar los ojos, incluso si ahora trata de ocultar su decepción fingiendo alegrarse de no haberse reunido con su « biografiado ». O bien soy una persona muy ingenua, o supo usted esconder muy bien su juego. Porque, por supuesto, si hubiera dicho ante mi las palabras que escribió en su "esperpento", lo hubiera puesto de patitas en la calle al cabo de diez minutos, sin perder más tiempo con usted… En todo caso, convenimos en mantenernos en contacto por correo electrónico y yo me comprometí a ayudarlo dentro de mis posibilidades. De hecho, no volví a tener noticias suyas e incluso creí que había renunciado a su proyecto. Comprendo ahora los motivos de su silencio: evidentemente, no nadamos en las mismas aguas. Pero a falta de honestidad, tiene oficio. Eso está claro, porque gestar un ladrillo semejante (incluso si su amigo el editor le hizo el favor de publicarlo en caracteres gruesos y a dos espacios para hacerlo más impresionante) en dos años y medio no está al alcance de cualquiera. Aun cuando da señales visibles de agotamiento al final…

En efecto, el desequilibrio estructural de su "esperpento" salta a la vista: usted dedica 270 páginas a Fidel hasta la victoria de la Revolución, y lo sigue de bastante cerca (no hablo de un "análisis" profundo ni mucho menos, lo hace en el tono de comadreo anecdótico que caracteriza toda su obra); nos despacha en apenas ciento cuarenta páginas los tres primeros años de la Revolución que fueron tan ricos, más aún cuando dedica varias páginas a Marita Lorenz y tres capítulos enteros al episodio relativamente menor de octubre de 1959 (y llegamos a la página 410). A partir de ahí, despacha la crisis de los misiles en unas quince páginas (cuando en los últimos años han sido desclasificados montones de documentos); el asesinato de Kennedy le retiene durante veintiséis paginas; la guerrilla en Bolivia y el drama del Che tienen derecho a veinte páginas… y así llegamos a 1967 y a la página 473. A partir de ahí, a su pluma le falta aliento, le cuesta trabajo mantener la distancia y sus últimas cuatrocientas veinte páginas están llenas de atajos y de saltos de canguro mucho más desordenados que antes: el capítulo 35 está curiosamente dedicado a Alina y al Chile de Allende, por lo tanto, aterrizamos en 1973; en el capítulo 36 se mezclan en desorden el "caso Padilla", Virgilio Piñera, Reynaldo Arenas, Carter, y llegamos a 1980, página 500; a continuación, por supuesto, el caso Ochoa en 1989 nos conduce a la página 554; por último, en apenas ochenta páginas echamos un vistazo hasta el 14 de julio de 2003, con lo que concluye la obra. Reconocerá que es un poco corto para la biografía de un hombre que tenía entonces setenta y siete años y ha llenado el siglo.

En su Summa Castrensis Ud. picotea anécdotas, espiga hechos, sin que el más mínimo hilo conductor guíe al lector, quien debe aceptar por bueno todo lo que le dice, sin que ninguna nota al pie de página, ninguna referencia bibliográfica, ningún documento -se comprende, pues una obra de ficción no admite ese género de glosas- sustente lo dicho.

Evidentemente, convertirse en un experto "cubanólogo" en dos o tres años es una apuesta imposible de mantener, de ahí, Serge Raffy, la mediocridad de su obra, cuya laguna fundamental se debe a que usted no sabe gran cosa del tema que aborda: con esto quiero decir que su desconocimiento de los cuarenta y cinco años de Revolución y de la historia de Cuba sencillamente, lo obliga a abordar la vida de Fidel Castro como si éste no tuviera nada que ver con ella, como si una y otra fueran recíprocamente unos epifenómenos o incluso unas galaxias que giran en órbitas separadas. Resulta entonces que por falta de conocimientos, de capacidad y de los medios de análisis necesarios, usted examina la Historia de una manera mezquina por su pequeño costado y se deja cegar por minucias. Y por su propio odio.

Porque lo que llama la atención en primer lugar es justamente el tono de su obra. Rezuma odio por todos los caracteres de la página, ¡y ese es el único y verdadero hilo conductor! Ciertamente no hay empatía entre el biógrafo y el biografíado… Entonces, uno se dice: ¿dónde he visto ese tono antes? Uno reflexiona dos segundos, se da un manotazo en la frente y se responde: ¡pues claro, en Miami! En efecto, basta con consultar su bastante mediocre bibliografía (evidentemente, el estudio de libros serios y documentados no es su fuerte) y la página de sus "agradecimientos" para convencerse: usted decidió escuchar solamente a aquellos que tienen buenos o malos motivos para poner en la picota a la Revolución cubana y a Fidel. Tirando por lo bajo, el 90 por ciento de las obras que aparecen en la bibliografía son escritos contrarrevolucionarios (en el sentido literal de: contra la revolución). A propósito, me pregunto ¿qué hago yo ahí? Usted debía al menos haberme evitado la deshonra de mezclarme con Juan Arcocha, Reinaldo Arenas, Guillermo Cabrera Infante, Teresa Casuso, Luis Conte Agüero, Daniel James, Theodore Draper, Jules Dubois, Jorge Edwards, Fogel y Rosenthal, Carlos Franqui, Martha Frayde, Norberto Fuentes, Carlos Alberto Montaner, Juan Vivés, por sólo citar unos cuantos. No sé muy bien lo que usted haya podido aprender en mi libro, que es exactamente lo contrario al suyo: debe habérsele caído de las manos. También hubiese preferido que usted no deformara mi nombre, que no brilla como el suyo en el frontón de la gloria, pero me gusta tal como es.

En cuanto a la bibliografía, dicho sea de paso, me asombré de sus pocas referencias directas de Fidel Castro: sus obras (in)completas deben ocupar varias decenas de metros de estantería, y sin embargo, usted sólo cita unos cuantos textos, algunos de ellos muy breves y ¡el más reciente de 1986! Hubiera jurado que el primer deber de un biógrafo era conocer al dedillo a su biografiado, y nada mejor que leer los textos donde expresa su pensamiento… Mire, si me hubiera pedido ayuda, yo habría podido guiarlo por los discursos de Fidel: hace ya treinta y dos años que lo traduzco (¡si existiera al respecto algún récord, sin dudas me ganaría el Guinness al traductor “durante más tiempo” de Fidel Castro!) y creo conocer bastante bien lo que piensa, y en su evolución… y puedo asegurarle que cuando uno los examina de algo más cerca de lo que usted hizo, encuentra análisis políticos y humanos bastante sorprendentes de presciencia y de inteligencia. Pero para eso, hubiera tenido que perder tiempo, lo que no era su intención.

Permítame señalarle -en caso que un extraño éxito de escándalo obligara a Claude Durand a hacer una nueva tirada- que El mundo económico y la crisis social no existe, que la obra se titula La crisis económica y social del mundo. Sus consecuencias en los países subdesarrollados, sus sombrías perspectivas y la necesidad de luchar si deseamos sobrevivir, y que las "Ediciones del Consejo de Estado" tampoco existen, sino la Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado… Por demás me pregunto qué hace esta obra en una bibliografía tan limitada como la suya, porque si había que escoger un texto representativo sobre la Revolución Cubana y Fidel Castro, éste no sería el mejor candidato: se trata del "Informe a la Sexta Cumbre de los Países no alineados", redactado por Fidel en el momento de transferir la presidencia del Movimiento a la India en 1983. Es probable que esta entrada sólo figure ahí para "darle seriedad"… En todo caso, esta torpeza es sintomática de la "ligereza" con que aborda Cuba. Que ni siquiera haya consultado (a falta de estudiar) libros-entrevistas tan capitales como Un grano de maíz (entrevista con Tomás Borge, 1992, 257 p.) donde habla por primera vez de Stalin, o Una Conversación en La Habana (entrevista con Alfredo Conde, 1989, 229 p.) donde evoca, entre otras cosas, su enfancia y su familia, o incluso antes Con Fidel (entrevista con Frank Mankiewicz y Kirby Jones, 1975, 246 p.), por solo citar estos tres ejemplos, confirma que usted domina bastante mal el asunto.

Pero reprocharle que no se haya matado por conocer los escritos de Fidel Castro, sería hacerle una mala pelea. Claro, a usted poco le importa lo que él piense o diga: al parecer, por razones que sólo usted y su confesor conocen, lo importante es hacer deprisa y corriendo una obra a partir de prejuicios tomados de otros cuyas versiones acepta como palabra de Dios. Porque no contento con hartarse de obras publicadas en Miami o en la óptica miamense, usted supuestamente entrevistó a cientos de personas y obtuvo "testimonios exclusivos". ¿De quién y de dónde? ¿A qué no lo adivina? La mayoría de Miami, claro está. Por demás, no se puede decir que el sentido de la discriminación y el equilibrio sea su fuerte: la mayor parte de los personajes mencionados en sus "agradecimientos" es un compendio del odio. Así, encontramos a José Basulto, jefe notorio de un grupo terrorista; a Lincoln Díaz-Balart, uno de los más retorcidos legisladores cubano-americanos de la Florida; a Huber Matos, quien le contó a su manera aquel famoso octubre de 1959 al que usted le dedica tantas páginas; a varios miembros de la Fundación Nacional Cubano-Americana que ha organizado y financiado atentados terroristas en Cuba; a Luis Zúñiga, otro terrorista, etc. ¡Es como si uno escribiera una historia de la Revolución Francesa solamente a partir de los textos y testimonios de los nobles emigrados en Coblenza!

En resumen, usted escogió su bando: no hace obra de historiador ni siquiera de cronista, sino sencillamente de militante anticastrista puro y duro. En el fondo, y de hecho, usted es anti-Castro como se era antijudío en los escenarios de los teatros medievales e isabelinos, por lo que sólo le falta ataviar a su personaje con la gruesa y ganchuda nariz postiza, la peluca rojo brillante y el sombrero puntiagudo para que el parecido con el Barrabás de Christopher Marlowe en El judío de Malta sea perfecto. La caricatura es idéntica. En cuanto al otro compendio, el de los "defectos" de Fidel, su catálogo reduce a la nada el de Leporello en el Don Giovanni de Mozart.

Es demasiado, Serge Raffy. No estamos frente a un estudio serio. Estamos en pleno Grand-Guignol, ese famoso teatro parisino que se caracterizaba por el carácter de horror exagerada y inverosímil de sus espectáculos: la acumulación, página tras página, de lugares comunes hechos para horripilar al pobre lector ingenuo de la platea termina por cansar, y uno se dice que nadie puede ser tan "malo", tan "basura", tan "infame", tan "cabrón" como ese Fidel Castro que describe en su libro. Su carga de rinoceronte se debilita por sí misma y su animal se hunde por su propio peso.

Con esto digo que sería en vano retomar una por una sus aproximaciones, sus interpretaciones forzadas, sus fabulaciones delirantes a partir de detalles menores, sus afirmaciones contrarias a la verdad, sus mentiras simplemente, sus invenciones sencilla y llanamente. Para ello serían necesarios varios volúmenes tan gruesos como el suyo y yo tengo cosas más interesantes que hacer que contradecir su obra de -no encuentro otra palabra- "nuevo rico", pues tengo la impresión que usted fuerza la mano constantemente con la ambición de hacerse de un lugar bajo el sol en el mundo del pensamiento único y de lo "políticamente correcto".

Sólo pondré un ejemplo de su delirio de interpretación permanente, pero que vale para todos los demás. El primer capítulo titulado "¡Sucio judío!" que le sirve en cierta forma de prolegómeno en el sentido literal del término, es decir, un texto que "contiene las nociones preliminares necesarias para la comprensión de un libro". A partir de algunas confesiones de Fidel en su famosa entrevista con Frei Betto, usted lo comprendió todo, captó totalmente la personalidad de Fidel: el hombre está ahí en su totalidad, in nuce, en algunas líneas. Para el lector ingenuo, reproduzco lo que Fidel dijo en mayo de 1985: "Como norma, todo el mundo [en la zona rural donde nació] estaba bautizado. Al que no estaba bautizado, le decían "judío", lo recuerdo bien. Yo no entendía que quería decir "judío" -yo tenía cuatro o cinco años-; sabía que un judío era un pájaro oscuro, muy bullicioso, y cuando decían: "es judío", yo creía que se trataba del ave aquella. Son mis primeras nociones [en materia de religión]: el que no estaba bautizado era "judío". Y de ahí, señor Raffy, usted parte en un sicoanálisis de bar de medianoche que ha debido recordarle la época en que era redactor jefe de la revista Elle: es más o menos del mismo nivel. Remito al lector interesado a sus elucubraciones de las páginas 11 y 12.

En el fondo, no debería tomarlas con esas dos páginas que son el único lugar de su ladrillo donde, en contra de su voluntad, incluso sin darse cuenta, usted deja caer un elogio de su biografiado: en efecto, conceder semejante profundidad de pensamiento a un niño de cuatro o cinco años es considerarlo como un cerebro privilegiado, ¡totalmente fuera de lo común! De hecho, ¿qué piensa Fidel? "…se pone a pensar que era un poco responsable de la muerte de Jesucristo. El niño estaba sumido en una gran angustia. ¿Cómo hacerse perdonar semejante crimen? ¿Qué castigo recaería sobre él? ¿Qué rayo divino se abatiría muy pronto sobre él? Por la noche, al regresar a casa de sus tutores se preguntaba: "¿Soy un monstruo?" Como nadie le daba la más mínima respuesta, decidió convertirse en un monstruo… rechazó todo tipo de autoridad. No tenía que rendir cuentas a nadie porque sólo el Altísimo era capaz de juzgarlo. Cada día que Dios hacía, esperaba ser precipitado a las llamas del infierno. Un día u otro, el asesino de Cristo sería castigado. Pero, ¿cuándo?"

Ud. le daría envidia ¡al mismísimo Cantinflas! Dejo que el lector juzgue esos análisis donde lo estrafalario compite con la incompetencia pretenciosa. Y las 662 páginas siguientes son por el estilo…

De hecho, además de su desconocimiento sobre el tema, el segundo vicio redhibitorio de su "esperpento" es haber evacuado (caramba, ¿por qué son siempre términos "de cloaca" los que salen de mi pluma cuando se trata de usted?) la política de su "biografía" de Fidel Castro y querer explicar sistemáticamente -y éste es otro hilo conductor- sus acciones a través de una personalidad paranoica. Ahora bien, si hay algo que salta a la vista es el carácter de "animal político" de Fidel Castro. Pero tomarlo en consideración -suponiendo que tuviera la capacidad intelectual para ello- lo obligaría a moderarse, a matizar sus afirmaciones perentorias pero nunca probadas, lo que por supuesto no era su intención. Ya nos lo había dicho de entrada: Fidel Castro es un "monstruo" y usted está decidido a demostrarlo contra viento y marea, sobre todo contra la verdad más elemental, y a exponernos abiertamente lo que tiene de teratológico.

Entre otras cosas, transformándolo en un asesino en serie digno de los guionistas más delirantes de Hollywood (¿acaso es éste el aspecto thriller de que nos habla en la contraportada?). Alrededor de él caen como moscas, y no es bueno estar entre sus amigos porque, curiosamente, nunca ningún enemigo ha sido víctima de su furor homicida (Kennedy tuvo suerte de estar del "lado bueno"): Camilo Cienfuegos, Che Guevara, Salvador Allende… e incluso Frank País (al menos eso es lo que da a entender), y también Eliecer Gaitán… Vamos, Serge Raffy, ya que está en esas, ¿por qué no achacarle también otros muertos célebres como Samora Machel y Omar Torrijos? Si yo fuera jefe de la policía sueca, investigaría la "conexión Castro" para dilucidar el asesinato aún no explicado de Olof Palme…

Sí, en verdad es demasiado. Y su libro es un despilfarro de esfuerzos, fracasa página tras página. Juraría que salvo en Miami, nadie llega al final.

Lo que no puedo perdonarle es que haya tenido el tremendo descaro de dedicar su esperpento "al pueblo cubano, heroico y mártir". ¡Diablos, pero usted, Serge Raffy, lo desprecia a todo lo largo de su libro! Ante todo, uno se pregunta cómo un pueblo "heroico" ha podido soportar durante cuarenta y cinco años al monstruo alucinante que usted describe… eso no es heroismo, es “borreguismo”.

Pero basta de bromas. Lo sorprendente es que usted ni siquiera se da cuenta de que desprecia a ese pueblo. Veamos unos cuantos ejemplos. Página 14 (esto comienza mal…), usted nos enseña, con ese profundo conocimiento que tiene de la historia de Cuba, que no fueron los insurgentes quienes derrotaron al ejército colonial español en 1898, sino sencillamente ¡los mosquitos! Eliminados los genios militares de la talla de Antonio Maceo, Máximo Gómez, Calixto García, y la voluntad de independencia de un ejército sólidamente formado y de la población. Pero, claro, a su lobo se le ve la punta de la oreja (incluso las dos): esto le permite dar a entender al lector ingenuo que Cuba obtuvo su independencia gracias a los Estados Unidos… Páginas 397-398, la campaña de alfabetización de 1961, llevada a cabo por ese pueblo y de la que la UNESCO ha sacado lecciones para extender la experiencia a otros países del tercer mundo, en su pluma despectiva se convierte en una "campaña de adoctrinamiento", las bandas contrarrevolucionarias armadas por la CIA que asesinaban alfabetizadores se convierten en "campesinos poco inclinados al adoctrinamiento", de ahí su docta conclusión: "esta 'cruzada' es una catástrofe". Página 527, las tropas cubanas en Angola, que permitieron preservar la independencia de ese país, alcanzar la de Namibia y acelerar el derrumbe del apartheid (no por gusto Nelson Mandela, que sabía a qué debía en gran parte su liberación, visitó Cuba en su primer viaje al extranjero) se convierten bajo su pluma babosa en "una tropa de timadores, contrabandistas y viajantes de comercio". Y aquí detengo la enumeración.

En cuanto a los epítetos que le endilga a Fidel página tras página, ni siquiera trato de hacer un muestreo.

De todas formas, no hay nada, pero absolutamente nada, ni una sola acción, ni un solo gesto, ni un solo pensamiento, ni una sola idea, en una vida de setenta y siete años que merezca benevolencia de su parte. Hasta las recientes campañas de lucha contra el dengue (pp. 609-610) merecen las calumnias pretenciosas de su supuestamente humorística pluma. ¡Usted es el Midas de la porquería!

Para comprender tan siquiera un poco la Revolución cubana y a Fidel Castro, sería necesario que usted tuviera instrumentos de análisis de los que carece por completo. Y aunque sea un poco de objetividad. Los comadreos de baja estofa dispensados a lo largo de sus 672 páginas no aportan nada esencial.

Para terminar, un buen consejo. Ahora que se ha desahogado bien (porque de hecho, su libro dice más sobre usted mismo que sobre su "víctima"), regrese a sus antiguos amores, las lectoras de Elle, y deje de querer meterse en empresas que le quedan grandes

Jacques-François Bonaldi
La Habana
jadorise@hotmail.com

PD. Mire, voy a ser amable. En el milagroso caso de una nueva tirada, rectifique antes algunas meteduras de pata. Veamos al azar: el Maine era un acorazado y no un crucero (p. 14). Se trata de la isla de Guam, no de Guan (p. 15). "Los mambises, representantes de la burguesía" (p. 19) Alumno Raffy, estudie un poco más y repase la próxima vez: es un atajo un tanto escabroso… Antonio Guiteras, ¡jefe del Partido Auténtico! (p. 30) Una vez más, quémese las pestañas y repase… Guiteras fue cuadro del Directorio Estudiantil, fundó Joven Cuba en 1934, año de la creación del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) y fue asesinado (no por Castro que tenía entonces ocho años) al año siguiente. ¡La salsa en 1940! (p. 49) "El lagarto, símbolo de la isla" (p. 52) ¡Y yo que siempre creí que era el cocodrilo o el caimán! Evidentemente, un caimán sería un poquito difícil de disecar para un niño de diez años y el pretendido simbolismo de su sicoanálisis de a tres por kilo no funcionaría… "José Martí… forzado a emigrar a los Estados Unidos hacia 1870" (p.88) Suspenso, colegial Raffy: Martí llega a los Estados Unidos el 3 de enero de 1880; en 1870 estaba preso en La Habana, condenado a trabajos forzados por las autoridades españolas. "Oriente… cuna de José Martí" (p. 120) Decididamente, lo relacionado con Martí no es su fuerte: Martí nació en La Habana, y vino a poner los pies en el Este de Cuba el 11 de abril de 1895, dos meses antes de su muerte en combate, el 19 de mayo. "Granjilla Siboney" (p. 121) no, granjita. ¿De modo que conoce la fecha exacta del encuentro entre Fidel y Che Guevara?: ¡el 9 de julio de 1953! (p. 153) Quisiera saber quién pudo dársela… Dejo de lado las elucubraciones delirantes relativas a este encuentro… Como dejo de lado la "mieditis" de Fidel que dirige de lejos los combates (p. 236): vamos, no habría que creer a pie juntillas todo lo que le contó Huber Matos… En cuanto a Fangio, el "famoso corredor italiano" (p. 240), decididamente su eurocentrismo lo domina: déjele a los argentinos una de sus glorias nacionales. "El plan demente… suicida… la insensata operación…" (p. 259): se refiere al envío a Las Villas de Camilo Cienfuegos y Che Guevara. Si conociera un poco mejor la historia de Cuba, sabría que ese plan reproduce, por razones estratégicas y de simbolismo histórico, la Invasión a Occidente que fue siempre una de las piedras angulares de las guerras de Independencia, ambas comenzadas en el Este del país, y que Antonio Maceo llevó a cabo en compañía de Máximo Gómez hasta Pinar del Río en 1895-1896. A partir de ahí, la operación no es tan insensata.

Bueno, aquí termino. Encuentre por si mismo las otras meteduras de pata. Mire, otras dos para divertirme: la CIA, "benefactor" de Fidel durante la guerra de la Sierra Maestra (p. 264). ¡Es el colmo decirlo, y sobre todo escribirlo! Página 271: no resisto el deseo de dar a conocer al lector una pequeña muestra de sus delirios de interpretación: "Fidel [acaba de entrar en La Habana el 8 de enero de 1959] está en una situación extraña: siente la angustia del vacío. Hasta hace algunos meses era sólo un salteador de caminos, un aventurero más o menos romántico. Y helo aquí a la cabeza de un movimiento que lo supera. Todo ha sido demasiado rápido. No ha conquistado a Cuba, el país se le ha ofrecido". ¡Más demencial hay que mandarlo a hacer! Porque si hay algo que salta a la vista es el perfecto dominio de los acontecimientos de que da muestras…

Voy a llevar mi amabilidad hasta el extremo de señalarle otras dos burradas y después termino, lo prometo: el padre Varela nunca fue un "héroe de la guerra de Independencia" (p. 611) pues murió en 1853, quince años antes de la primera guerra de 1868-1878; el coronel que se encontraba en Granada en 1983 se llamaba Tortoló, y no Torloto (p. 516).


Traducción : Miryam López Suárez


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II parte

Respuesta a la respuesta de Serge Raffy, autor de Castro l'Infidèle


La Habana, viernes 13 de febrero de 2004 Señor Serge Raffy

He recibido su respuesta a vuelta de correo. Se lo agradezco, aunque está lejos de satisfacerme por no ir al fondo de las cosas. Pensaba concluir ahí nuestro intercambio epistolar cuando un hecho -cuyo contenido diré más adelante- ocurrido el martes me hizo comprender que debía continuarlo, y en la plaza pública. De modo que paso por alto el "carácter inviolable de la correspondencia" -la nuestra no tiene nada de íntima- y transcribo a continuación su respuesta:


Estimado señor,

Comprendo su reacción. Sobre todo no crea que me dirijí a usted con aviesas intenciones, pero mi trabajo es el resultado de una larga investigación. Usted está en su pleno derecho de considerarla manipulada o retorcida, pero puedo decirle que no me anima ningún odio, ni siquiera el más mínimo rencor hacia nadie. Por otra parte, no tengo la intención de convertirme en un cubanólogo ni en un castrólogo acreditado. No tengo esa pretención. Por demás, me niego a participar en cualquier tipo de manifestación anticastrista, ya sea en Francia o en otro lugar. ¡Qué paradoja!: muchos observadores me han señalado que este libro, a pesar de sus aspectos negativos, sigue estando "fascinado" por el personaje y, de cierta manera, lo vuelve fascinante. Por otra parte, he tomado nota de los errores que me señala y le doy las gracias por ello. Por último, a pesar de nuestras profundas divergencias, probablemente irreductibles para usted, me despido con saludos respetuosos.

Serge Raffy

Como no me gustan los filmes del tipo de El silencio de los corderos, confieso que me es difícil captar -quizás también me falten esas sutilezas sicoanalíticas que me permitirían penetrar en lo más recóndito de los mecanismos de la insondable personalidad humana- dónde residen lo "fascinado" (de su mirada) y por ende, lo "fascinante" (de Fidel Castro) en su relato. Admito que lo teratológico puede atraer, incluso seducir a ciertos espíritus, pero como no estoy en ese caso y para mí Fidel Castro es ante todo un hombre político revolucionario y no un émulo de Anibal (el del filme, por supuesto, y no el personaje histórico, pues temo darle otras pistas de investigación, sobre todo porque hemos sabido por usted que el modelo de su biografiado era Aquiles…), he leído su libro bajo esta óptica: lo que de él se desprende, y no es sólo mi opinión, es que Fidel Castro merece estar inscrito y con creces en la lista de los principales sicópatas maléficos de la humanidad y (peor aún, pero ésta es la conclusión subyacente) que hay que eliminarlo para impedirle que siga castigando durante más tiempo. Y su reacción de inocente asombro es la mejor prueba de que los autores son los peores lectores de sus libros.

Acabo de hablar de "óptica". Por supuesto que nuestros enfoques son diferentes: para usted es un simple tema de libro, para mí un tema de vida; para usted, algo de afuera; para mí, algo desde adentro; para usted, un pasatiempo; para mí, un vivir su vida; usted se dedicará y con toda probabilidad ya se ha dedicado a otras ocupaciones; para mí, Cuba ocupa toda mi vida porque estoy aquí.

No he leído su biografia de Lionel Jospin, pero pondría mis dos manos en el fuego y la cabeza en el tajo a que el tono que emplea en ella no se parece en nada al que utiliza durante sus 672 páginas sobre Fidel Castro: claro, usted sabía cuán lejos podía ir y que se habría arriesgado a recibir, por una parte, una crítica monumental si hubiera empleado el tono altaneramente despreciativo que discurre a lo largo de sus páginas (reléalas con un poco de distancia y lo comprobará por sí mismo), y por la otra, si hubiera dicho de Jospin, sin la más mínima prueba al respecto, la mitad de las afirmaciones, por lo menos aventuradas, que hace sobre Fidel Castro. Hay reglas del juego "en familia" que no se pueden infringir, y usted, con toda probabilidad, no lo hizo. Castro no es de la familia, a veces hasta parece ser su enemigo personal por la rabia y la constancia para vilipendiarlo y ajustarle cuentas que pone en ello. Si le dijera que veo un vestigio del subconciente colonialista francés en ese doble rasero, es muy probable que gritará como un descosido y me replicará que soy un mal pensado y que veo el mal en todas partes…

Pero mire, uno se cansa de que cualquiera tome a Cuba por un punching bag sobre el que se puede desahogar o desarrollar los músculos.

De todas formas iba a concluir aquí este intercambio epistolar aunque no se trata de un simple problema entre usted y yo, sino de algo que va más allá de ambos: son cuestiones que se deben debatir en la plaza pública, más aún cuando usted no se contentó con publicar sin más su "biografía", sino que también ocupó muchos espacios de radio, televisión y prensa donde repitió la misma visión tergiversada (no se disguste por esto) de los hechos. En cambio, a quienes tratan de oponerse al pensamiento único se les niega obstinadamente el más mínimo acceso a los medios de difusión. Sé algo de esto, y otros, mucho más que yo.

De modo que iba a concluir este intercambio entre nosotros cuando el martes, otro motivo hizo que a mi pluma se le subiera la mostaza: Le Monde publica nada menos que tres artículos sobre Cuba, y Le Figaro dos. En total, cinco artículos. Ya era tarde, no busqué más en Internet, pero quizás otros diarios y publicaciones periódicas de los que están en el candelero hayan publicado a su vez pequeños (o grandes) artículos. ¡Cinco artículos el mismo día en dos de los diarios más importantes de Francia! Diablos, aquí debe estar pasando algo… ¿Acaso la prensa que lleva la voz cantante descubrió finalmente los intensos programas sociales que la Revolución lleva a cabo desde hace tres años para tratar de mitigar los desequilibrios sociales que la nueva situación económica está introduciendo en la sociedad? ¿O incluso las últimas vacunas desarrolladas aquí, algunas de las cuales son únicas en el mundo, algo que es tanto más sorprendente cuanto que provienen de un pequeño país subdesarrollado del tercer mundo? ¿O la manera sui generis con que ha asumido la restructuración del sector azucarero, antaño pilar de la economía cubana? ¿O quizás, y más allá de sus fronteras, el fabuloso trabajo de los médicos y cooperantes cubanos quienes, para sólo citar el ejemplo de Haití, en las zonas donde prestan servicio han logrado reducir la mortalidad infantil entre los niños menores de un año de 80 a 28 muertes por 1 000 nacidos vivos, y entre los menores de cinco años de 159 a 39, y han disminuido en la mitad la mortalidad materna, de 523 a 259 muertes por 100 000 nacidos vivos? ¿Sería todo eso y otras cosas más?

¡Qué ingenuidad de mi parte! Lo que estremece la pluma de nuestros periodistas, lo que pone en marcha las rotativas de la prensa "más respetable" ¡son las declaraciones de los "salvadores de la Patria"! Y mis dos ejemplos se distribuyen la tarea (cualquiera creería -aunque no oso decirlo porque me acusarían de mal pensado- que se han puesto de acuerdo): Le Monde se dedica a Elizardo Sánchez Cruz y Vladimiro Roca; Le Figaro, a Osvaldo Payá. Porque claro, los salvadores en cuestión son esos. ¿En qué ocasión? La de la presentación del "programa de gobierno" de la "disidencia". ¿Qué nos dicen?

"Evitar que la economía siga hundiéndose" (VR); "una solución pacífica supone una negociación" (VR); "desmantelar el modelo totalitario y reemplazarlo por un Estado de derecho, democrático" (ES); "la gente quiere salir de la pobreza, de la escasez y de la violación sistemática de todos los derechos cívicos, políticos, económicos, así como de determinados derechos culturales" (ES): "El exilio cubano ha demostrado muchas veces su vocación patriótica. Es una gran reserva para la reconstrucción moral y material de la nación. Los emigrados tendrán una participación activa en la transición, que tendrá lugar a corto o a mediano plazo" (Le Monde)

Por su parte, Payá comienza con una declaración perentoria: "En estos momentos hay grandes probabilidades de que me maten. Para Castro, sólo se trata de tomar una decisión." El santo mártir de la "disidencia", ¿no? Me digo in petto que éste buen católico deberá confesarse tras haber escupido semejante mentira: él sabe perfectamente, como lo sabe Zoé Valdés, que el gobierno cubano no recurre a tales métodos. No hay dudas, el padre putativo de todos, el inquilino de la Casa Blanca, tiene discípulos aventajados: mientan, mientan, siempre quedará algo.

Y continúa con una descripción de la sociedad cubana rotundamente “raffyana”, si puedo decirlo así, o sea, tan caricaturesca como el retrato que usted hace de Fidel Castro (aunque al respecto, un tal François Hauster, enviado especial de Le Figaro, le pisa los talones): "Cuba se ha convertido en un país dominado por una oligarquía formada por algunas familias que controlan todos los poderes. Esos ricos viven en las antiguas residencias de los notables del régimen de Batista. Reinan despóticamente sobre el resto de la población, marginada por lo empobrecida que está. Esos marginados son objeto a diario de una verdadera persecución cuando salen a ganarse el pan. Cuba ya no es la izquierda, sino la dictadura de una oligarquía."

Vaya, no se puede decir que rema contra la corriente: dice exactamente lo que sus patrocinadores y el "pensamiento único" esperan que diga. Que esa caricatura no se parezca en nada a la realidad importa poco. Por lo general, él y sus condiscípulos no son muy escrupulosos en ese sentido.

Como tampoco lo son en otros aspectos: el sistema de salud "ya no funciona… La escuela se ha convertido en un instrumento de embrutecimiento por la propaganda."

Pero lo que más me llama la atención es la perspectiva en que se sitúan los tres disidentes. Payá lo dice abiertamente: "Trabajamos por una transición pacífica del poder, por lo que será necesario un gran diálogo nacional. En este momento, debemos correr un gran riesgo. Si no iniciamos el diálogo y el proceso de organización de la transición desde ahora, será el caos o una transición inaceptable cuando Castro muera. Hay que movilizar a los ciudadanos. Después de este régimen tan violento, será capital que la transición sea pacífica."

Y entonces, cuando uno sabe, aguza el oído: ¡eso lo he oído en otra parte! Claro, ese bello discurso viene derechito de Washington. Recordemos pues un poco de historia reciente.

El 10 de octubre de 2003, Bush anunciaba ante la flor y nata de la mafia terrorista anticubana y otros invitados especiales reunidos en los jardines de la Casa Blanca la creación de una "Comisión presidencial para contribuir a una Cuba libre" (Commission for the Assistance to a Free Cuba), copresidida nada menos que por Colin Powell, la supuesta "paloma" de su gobierno, y por Mel Martínez (un cubanoamericano de Miami, como es lógico), Secretario de Vivienda y Urbanismo, y formada por expertos del gobierno. ¿De qué se encargaría esa Comisión? “To plan for the happy day when Castro's regime is no more and democracy comes to the island…to plan for Cuba's transition from Stalinist rule to a free and open society, to identify ways to hasten the arrival of that day.” Es decir: "Preparar el feliz día cuando deje de existir el régimen castrista y se instaure la democracia en la isla… preparar la transición en Cuba del poder stalinista a una sociedad libre y abierta, identificar los medios para acelerar esa fecha." Para decirlo por lo claro: se trata de preparar las medidas que se deben tomar para terminar de una vez por todas con esta Revolución tan molesta por su persistencia en desafiar a los amos del mundo. En su discurso de retórica gastada, pero aplaudida calurosamente por su auditorio, Bush insistía en caso de que alguien no lo hubiera comprendido: « Clearly, the Castro regime will not change by its own choice. But Cuba must change. » ("Es evidente que el régimen de Castro no cambiará por sí mismo, pero Cuba debe cambiar.") Y anunciaba a continuación « several new initiatives intended to hasten the arrival of a new, free, democratic Cuba » ("varias nuevas (¡sic!) iniciativas para acelerar el advenimiento de una Cuba nueva, libre y democrática"), entre otras, la intensificación de las ilegales transmisiones de Radio Martí y de Televisión Martí y de acciones subversivas contra Cuba; el fortalecimiento de las presiones internacionales para aislarla; el endurecimiento de las medidas represivas para impedir que los norteamericanos viajen a la isla.

Y continuaba: « The transition to freedom will present many challenges to the Cuban people and to America, and we will be prepared. America is not alone in calling for freedom inside of Cuba. … We will continue to build a strong international coalition to advance the cause of freedom inside of Cuba » En otras palabras: "La transición a la libertad presentará muchos desafíos para el pueblo cubano y para América [los Estados Unidos], pero estaremos preparados. América [los Estados Unidos] no es la única que reclama la libertad para Cuba… Continuaremos formando una poderosa coalición [¿esto no les recuerda nada?] internacional para hacer avanzar la causa de la libertad en Cuba."

Y concluyó su discurso en español: « Cuba será pronto libre. » ¡Más claro ni el agua!

Le recuerdo que el 10 de octubre marca el inicio de la primera guerra de Independencia, la de 1868. ¿Qué se pensaría en Francia si el gobierno cubano organizara una "Comisión presidencial" dirigida por su ministro de Relaciones Exteriores para contribuir a modificar el régimen político y económico-social establecido y para "acelerar" y supervisar la "transición" de un gobierno a otro, y escogiera para hacerlo el 14 de julio? Habría una protesta general, y con razón. Y se le respondería, también con mucha razón, que eso no es asunto suyo. Entonces, ¿por qué la comunidad internacional no ha dicho nada de esta injerencia manifiesta en los asuntos internos de Cuba? ¿Será porque se ha habituado a peores injerencias por parte de los amos del mundo?

El 30 de noviembre, una National Security Presidential Directive encargaba a la Comisión de informar al presidente el 1º de mayo de 2004 y presentar recomendaciones sobre la manera de "acelerar" la transición a la democracia en Cuba, así como de planificar la respuesta de los Estados Unidos de América para ayudar a Cuba después de la dictadura (recommendations on how to hasten a transition to democracy in Cuba and planning the U.S. response for assistance to a post-dictatorship Cuba).

Las personas encargadas de una misión tan noble y filantrópica no perdieron tiempo y se reunieron el 5 de diciembre de 2003. Colin Powell afirmó: « We have two essential goals, given to us directly by the President; first, to identify ways to hasten the arrival of a peaceful transition to democracy in Cuba; and second, to develop a program to assist the Cuban people in their subsequent transition from dictatorship to democracy. We pursue this first goal because America is ever the friend and supporter of freedom. We pursue the second because America wishes to be a good neighbour. We care about principles, but we care equally about people. The two go together, and must always go together. »

Es decir: "Nuestro presidente nos ha fijado dos objetivos esenciales: primero, identificar los medios para acelerar el proceso de una transición pacífica a la democracia en Cuba; segundo, desarrollar un programa para ayudar al pueblo cubano en su transición de la dictadura a la democracia. Continuamos con el primer objetivo porque América [los Estados Unidos] es el amigo y el sostén de la libertad. Continuamos con el segundo porque América [los Estados Unidos] desea ser un buen vecino. Nos preocupamos por los principios, pero también nos preocupamos por la gente. Ambas preocupaciones van a la par y deben seguir siempre así."

¡Más retórica, hay que mandarla a hacer! ¡Cuándo pienso que se hablaba de la "lengua de palo" de los comunistas!

Se podrá observar que Colin Powell, la paloma, aporta aquí una nueva noción que modifica radicalmente la nueva situación por lo que implica en la óptica de los amos del mundo (¿o debería decir más bien: de los "señores de la guerra"?): la de una transición pacífica. En el sitio Internet del Departamento de Estado dedicado a la Comisión (porque, claro, todo se hace abiertamente, estamos en una democracia donde la "transparencia" es ley y en la red se publican sus intenciones, por retorcidas que sean, al igual que la USAID informa en su sitio, sin ruborizarse, las grandes sumas de dinero que suministra a los disidentes y a la contrarrevolución) se da a conocer una nueva noción: « to support and hasten a transition to democracy and an open market economy » (apoyar y acelerar una transición a la democracia y a una economía abierta de mercado") Como vemos, el programa de la transición se perfila cada vez más claramente. De todas formas, en caso de que no se hubiera comprendido, la presentación de la Comisión en el sitio Internet prosigue: « The formation of the Commission for Assistance to a Free Cuba underscores the administration's continuing commitment to the Cuban people as well as its unwavering support for human rights, democracy, and the open market system. The work of this Commission will define and accelerate U.S. policy efforts to hasten a transition and create an organizing framework for providing assistance to a newly democratic Cuba.” Es decir: « La formación de la Comisión… subraya el profundo compromiso del gobierno con el pueblo cubano, así como su apoyo indefectible a los derechos humanos, a la democracia y al sistema de libre mercado. Los trabajos de la Comisión definirán y acelerarán los esfuerzos políticos de los Estados Unidos para acelerar una transición y crear un marco organizativo que permita ayudar a una Cuba nuevamente democrática."

Un Programa que se precisa mejor en los trabajos que le han sido confiados y de los que debe presentar un informe el 1º de mayo:


Tasking

By May 1, 2004, the Commission shall provide its initial report to the President with recommendations regarding the elements of a comprehensive program to assist the Cuban people to:

1. Bring about a peaceful, near-term end to the dictatorship;

2. Establish democratic institutions, respect for human rights, and the rule of law;

3. Create the core institutions of a free economy;

4. Modernize infrastructure; and

5. Meet basic needs in the areas of health, education, housing, and human services.

Five working groups, consisting of agencies with relevant authority and expertise, are in place to develop recommendations to the President in the five topic areas.


("Tareas: el 1º de mayo, la Comisión deberá presentar su informe inicial al Presidente con las recomendaciones sobre los elementos de un programa general para ayudar al pueblo cubano a:

1. Preparar de manera pacífica y a corto plazo el fin de la dictadura.

2. Instaurar instituciones democráticas, el respeto de los derechos humanos y el imperio del derecho.

3. Crear las instituciones clave para una economía de mercado.

4. Modernizar la infraestructura; y

5. Satisfacer las necesidades básicas en las esferas de la salud, la educación, la vivienda y los servicios humanos.



Se han creado cinco grupos de trabajo formados por organismos dotados de la autoridad y los conocimientos especializados pertinentes para preparar las recomendaciones que serán presentadas al Presidente en los cinco puntos antes mencionados.")

Me detendré un momento en un problema de semántica: ese bring about del primer punto, que es lo suficientemente ambiguo como para dar pie a diferentes interpretaciones. Veamos las traducciones que da el Harrap's Shorter: "a) incitar, causar, ocasionar (algo); planificar, preparar (una reconciliación); acarrear (la ruina de alguien); provocar (un accidente, etc.); b) efectuar, realizar (algo); operar (un cambio, un milagro)." Dejo al lector en libertad para que escoja la interpretación que le dará al término.

El gobierno de Bush trabaja como los pintores: a pinceladas. La Misión confiada a la Comisión presidencial aclara y precisa aún más el Programa de transición (mi fuente sigue siendo la página de Internet de la Comisión)
Mission

The Commission was established to focus U.S. government agencies on hastening the arrival of a transition in Cuba, and planning to respond to this opportunity. To that end, the Commission for Assistance to a Free Cuba shall be responsible for:

1. Identifying and encouraging the effective implementation of additional measures by which the United States can help the Cuban people to bring about an expeditious end of the dictatorship, and

2. Developing a plan for agile and decisive assistance to a post-dictatorship Cuba.

The Commission welcomes information, views, and opinions from U.S. Government entities, interested individuals, foreign governments, international experts, and non-governmental organizations.


(Misión. La Comisión ha sido creada para que organismos gubernamentales norteamericanos se concentren en la manera de acelerar el advenimiento de una transición en Cuba y de planificar la respuesta en tales circunstancias. A esos fines, la Comisión… será responsable de:

1. identificar y promover el establecimiento real de medidas adicionales mediante las cuales los Estados Unidos puedan ayudar al pueblo cubano a bring about [¡qué el lector escoja!] un fin expedito de la dictadura; y

2. preparar un plan con miras a ayudar de manera rápida y decisiva a Cuba después de la dictadura.

La Comisión desea recibir informaciones, puntos de vista y opiniones de organizaciones gubernamentales norteamericanas, de individuos interesados, de gobiernos extranjeros, de expertos internacionales y de organizaciones no gubernamentales."

Como vemos, incluso se trata de movilizar a los "gobiernos extranjeros" en esta "coalición internacional", exactamente como hizo la Casa Blanca para llevar a cabo su guerra contra Iraq. Es el mismo método. ¿Qué hará nuestra querida Unión Europea, que se plegó como un solo hombre a los úkases del emperador en el caso de Cuba (y algunos de cuyos miembros apoyaron de manera entusiasta la invasión y la ocupación de Iraq)? ¿Cuándo terminará por comprender que la Casa Blanca la maneja a su antojo? En particular al sacarla del juego en Cuba para tener las manos y el terreno libres en el plano económico el día del famoso "fin" de la "dictadura castrista" ¿Acaso tienen tan poca imaginación en Bruselas que ni siquiera se dan cuenta del juego de Estados Unidos? La Europa neoliberal podría al menos defender sus viles intereses materiales…

En todo caso, soltaron la palabra "transición". Es, por así decirlo, el intríngulis de la historia.

Desde principios de año -le recuerdo que es de elecciones presidenciales, lo que explica muchas cosas; como también le recuerdo que Bush hijo debe su entrada a la Casa Blanca a los chanchullos de la mafia anticubana de la Florida- se multiplican las declaraciones, a cada cual más agresiva, porque los mafiosos floridanos abundan en el gobierno de Bush, quien tenía que pagar de alguna manera el regalo que le hicieron en el año 2000, desde Otto Reich (un cubanoamericano) hasta Roger Noriega (un mexicanoamericano), pasando por… vamos, a que no lo adivina… por Jeb, el hermanito de Bush hijo y gobernador de la Florida…

A modo de ejemplo. Roger Noriega, el gran patrón de la política latinoamericana del gobierno de Bush, pues es el Secretario de Estado Adjunto para América Latina, hizo declaraciones el 16 de enero en el Seminario sobre el proyecto de transición en Cuba, organizado por la USAID en Washington. Algunas citas bastarán (el original aparece en el sitio del Departamento de Estado): la represión de marzo último "demostró que el régimen está preocupado porque algo está ocurriendo en la sociedad cubana que no puede controlar, específicamente un elemento democrático naciente que está perdiendo el miedo al régimen y osa levantarse y criticarlo." No lo cito por la originalidad de las palabras, sino porque éstas tuvieron eco del otro lado del estrecho de la Florida. ¿Qué dice Payá? "El gobierno no soporta que ya no le tengamos miedo y que reclamemos nuestros derechos."

Pero, aunque muy sintómatico de la caja de resonancia que constituye la disidencia, ésta no es la "reflexión" más interesante de Noriega. Lo esencial es el patinazo controlado que negocia poco a poco esa Comisión presidencial, la manera en que la Casa Blanca enseña sus cartas poco a poco. En efecto, ¿qué declara Noriega, el gran patrón de la política latinoamericana? Veamos:

Castro no vivirá eternamente. Habrá un cambio democrático en el gobierno de La Habana. Debemos hacer todo lo que podamos para contribuir a garantizar una transición democrática exitosa en lugar de una sucesión en la tiranía. Este es el objetivo de la Comisión… acelerar una transición democrática y estar listos para ayudar a una Cuba libre. Su objetivo es contribuir a qu
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