jejejej ein Italiener würde am Po gefickt

08.11.2003 10:10
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#1 jejejej ein Italiener würde am Po gefickt
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Noch vor paar Monaten warb der Geier Kunden

http://www.garibaldig.com

Und dann kamm die Stunde Fidels

El Nuevo Herald

Cuando Giacomo Garibaldi decidió residir en Cuba hace casi una década nunca imaginó que un día sería desalojado de su vivienda, sin derecho a ninguna reclamación.

Garibaldi es un pequeño empresario que se dedica principalmente a la importación y exportación de bienes de servicio. Casado con una cubana, Rosa María Etayo González, el matrimonio tiene una pequeña hija y Garibaldi 'se aplatanó' tanto en la isla que en una compleja operación de permutas, se instaló un buen día, hace ya algunos años, en el Reparto Miramar. Hasta hace poco vivía en el No. 6607 de la Calle 11 entre 66 y 58.

Como otros muchos cubanos ''de a pie'', Garibaldi fue víctima de los desalojos que está llevando a cabo el Instituto Nacional de la Vivienda, bajo alegaciones de supuesta ocupación ilegal de la vivienda, registrada a nombre de su esposa.

''Por algo que no puedo entender y ninguna de las personas que conozco tampoco, estoy destruido moral y económicamente, por la confiscación de la vivienda de mi esposa'', afirmó Garibaldi en una carta dirigida al gobernante Fidel Castro a mediados de septiembre.

¿Dónde está el derecho obtenido con un papel certificado ante notario?, ¿por qué se actúa solamente sobre la base de presunciones y no se mira el tipo de personas que somos? ¿Por qué no se tiene en cuenta el sentir de una comunidad que por demás se siente indignada y desconcertada con este injusto proceder?, preguntó desconcertado Garibaldi, en su carta, copia de la cual envió a El Nuevo Herald y a otras agencias de prensa en La Habana.

Sus preguntas quedaron sin respuesta. O mejor dicho, sin respuesta satisfactoria.

Las órdenes de desalojo en Cuba son irrevocables, algo así como la proclamación del socialismo, con esa misma característica.

Quizás consciente de ese carácter irrevocable de la sentencia de desalojo, Garibaldi concluyó su misiva a Castro con una petición que casi dejaba a un lado el tema de la justicia: ''Sólo pedimos que se nos dé la oportunidad y el tiempo de trasladarnos para el lugar que se nos ha asignado, que por demás no tiene un mínimo de condiciones para ser habitado ... . No somos animales y mucho menos criminales, para que no se nos escuche, ni se nos considere, somos una familia y tenemos una hija menor que se ha afectado psicológicamente con todo este proceso'', afirmó.

Fue en vano. La familia fue ''reubicada'' en un nuevo apartamento y su casa en Miramar entregada a otras personas.

''Son ocho días ya en que estoy afuera de mi casa, en una casa rentada y hasta ahora, no tengo agua potable, gas ni teléfono'', me comentó atribulado Garibaldi.

Su caso no es único. Es parte de un nuevo drama que están viviendo muchos ciudadanos cubanos hoy en la isla.

Quizás uno puede pensar que, por su condición de extranjero, Garibaldi puede marcharse tranquilamente a su bella Italia, si las cosas en Cuba no le han ido bien.

Es posible. Pero lo más probable es que, como le ha ocurrido a otros tantos, el hombre tenga que remover cielo y tierra para conseguir los permisos de salida necesarios para su esposa y su hija cubanas.


Saluds


http://www.kubatravel.1st.to


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