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vilmaris
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Informe Contra Mi Mismo - Der Bericht gegen mich selbst
10.10.2004 20:30

Für alle, die es leid sind, triviale kubanische Literatur wie des regimetreuen Kollegen Pandura zu lesen. Oder die etwas einseitigen Geschichten von Valdez oder Gutiérrez.

Dies ist die Geschichte von Eliseo Alberto, einem bekannten kubanischen Schriftsteller, welcher eines Tages von der kubanischen Staatssicherheit gebeten wird, einen Bericht über seine eigene Familie zu verfassen.
Nicht nur er wird bespitzelt, sondern seine exilkubanischen Verwandten, welche Ende der siebziger das erste Mal zu ihren Verwandten zurückkehren.

Auch Eliseo wird bespitzelt. Die Staatssicherheit legt ihm mehrere Aktenordern vor, in dem klar wird, dass auch er im Visier ist und dass jeder seiner Schritte auf Genaueste beobachtet wird. Von seinen "Freunden". Von seinen Kommilitonen. Von seinen Nachbarn.

Als Alberto das Buch 1998 veröffenlicht, verbieten ihm die Behörden die Wiedereinreise. Seitdem lebt Alberto in Mexiko.

Das Buch ist in Spanisch und in Deutsch erhältlich. Es lohnt sich übrigens, die spanische Version zu lesen. Alberto ist ein absolut brillianter Könner seines Fachs. Die Sprache ist einfach, aber dennoch brilliant und subtil, seine Themen vielfältig und betreffen die ganze kubanische Gesellschaft.

Ein weiteres interessantes Buch von ihm, ebenso brilliant ist "Caracol Beach" welches den Amoklauf eines verwirrten kubanischen Angolaveteranen schildert.

Hier zunächst die Rezension aus der NZZ, danach sein Prolog zu seinem Buch "Informe Contra Mi Mismo"


Neue Zürcher Zeitung
Lebenszeugnis mit Folgen

Eliseo Alberto: «Rapport gegen mich selbst»

«In Kuba ist die Politik überall, nur nicht in der Politik.» Der Kalauer des kubanischen Historikers und Literaturkritikers Rafael Rojas lässt sich durchaus auf den Inhalt wie auch auf die Begleitumstände des Erscheinens von «Rapport gegen mich selbst» übertragen. Dessen Verfasser, der 1951 in Havanna geborene Eliseo Alberto, gehörte in den achtziger und frühen neunziger Jahren als Journalist, Literat und Drehbuchautor (u. a. «Guantanamera») zu den geschätzten und anerkannten Figuren des kulturellen Lebens auf

der Insel. Über mehrere Jahre pendelte er als «temporärer Emigrant», wie so viele andere seiner Landsleute, zwischen Kuba und dem Ausland – vornehmlich Mexiko – hin und her.

Mit dem Erscheinen von «Rapport gegen mich selbst», der 1997 im Original («Informe contra mí mismo») von einem spanischen Verlag publiziert wurde, hat sich dies grundlegend geändert; die kubanischen Behörden verweigern seither dem Schriftsteller die Erlaubnis, nach Kuba einzureisen. Eliseo Alberto teilt damit das Schicksal seiner bei uns wesentlich bekannteren Literatenkollegen Zoé Valdés und Jesús Díaz; auch sein Buch trägt den Stempel der «Dissidentenliteratur». Zu Unrecht. «Rapport gegen mich selbst», eine eigenwillige Mischung aus Autobiographie, politischem Essay, Briefroman und Pamphlet, ist keine hasserfüllte Abrechnung mit Castros bankrotter Diktatur wie Zoé Valdés' «Das tägliche Nichts» und auch kein bitterer Rückblick auf eine – durch die Mitarbeit im System – verlorene Jugend wie etwa Jesús Díaz' «Die verlorenen Worte». Eliseo Albertos «Rapport» ist vielmehr ein gelungener Versuch, die vergangenen vierzig Jahre der kubanischen Geschichte in ihrer ganzen Verworrenheit und Komplexität zu betrachten und dabei stets sich selber als Teil und nicht nur als Zuschauer des Dramas zu begreifen.

Ausgangspunkt von Albertos Buch ist das Jahr 1978. Damals durften erstmals seit 1959 wieder Exilkubaner besuchsweise auf die Insel zurückkehren. Die militärischen Vorgesetzten des Offiziers Eliseo Alberto, Sohn des berühmten Poeten Eliseo Diego, befahlen dem eingeschüchterten Reserveleutnant aus diesem Anlass, zuhanden der Staatssicherheit einen detaillierten Bericht über seine Familie und deren Kontakte nach dem Ausland zu verfassen. Mit dem Bekenntnis, nie besonders mutig gewesen zu sein, macht sich der Ich-Erzähler an die Arbeit. Auf den folgenden dreihundert Seiten vermischt Alberto dann in einer aus zwölf Kapiteln bestehenden Collage persönliche Anekdoten mit politisch-philosophischen Betrachtungen, verbindet Auszüge aus Briefen von Freunden aus Kuba und dem Exil mit der Erörterung historischer Ereignisse im «revolutionären» Kuba und mixt Slogans der Regierungspropaganda mit Textzeilen aus der populären Musik. Entstanden ist so ein durchwegs spannend zu lesender Text voller Witz und Wehmut, der stets auch durch seinen sprachlichen Rhythmus überzeugt.

Geri Krebs


"Informe Contra Mí Mismo"

Prólogo

Retorna vida mía que te espero...
SINDO GARAY

... el fuego que allí alumbra
es el de tu corazón:
no lo malgastes.
REINA MARÍA RODRÍGUEZ


El primer informe contra mi familia me lo solicitaron a finales de 1978. En el verano del año anterior yo había sido movilizado como teniente de la reserva y cumplía treinta y seis meses de servicio militar activo en una trinchera cualquiera de La Habana. Era uno más entre los miles de obreros, estudiantes y profesionales que dimos un paso adelante para ocupar el sitio que la Revolución nos había asignado en la vanguardia de la historia, según la retórica de la época. Corrían a caballo tiempos difíciles. El frente de batalla en la contienda Cuba-Estados Unidos se había desplazado a tiro limpio hasta las costas de África, y los hombres y mujeres del primer territorio libre de América Latina estábamos dispuestos a pagar con sangre solidaria nuestra deuda con la humanidad. Así explicábamos las cosas. Hacia el corazón de la isla se escenificaba un combate ideológico de incalculables consecuencias: el diálogo con la comunidad cubana en el exterior. Otra guerra. Por obra y gracia de la llamada política de reunificación familiar, y por primera vez en veinte años de disputas ciegas y sordas, se permitía un acercamiento entre los de la isla y los del exilio. A todas o casi todas las casas cubanas llegó un pariente emocionado, como caído del cielo, y todas o casi todas las puertas se abrieron de par en par para darle una fraternal bienvenida al tío que muchos conocían sólo por fotos de un remoto cumpleaños o al primo tercero del cual nunca habían oído hablar o al hijo pródigo que venía a pedir, de rodillas, la bendición de sus ancianos padres. La voz del pueblo divulgó de boca en boca una frase poética: los gusanos se habían convertido en mariposas. Oficiales superiores me citaron en la jefatura de mi unidad para explicarme sin dramatismo que, por práctica reglamentaria en cualquier ejército del mundo, yo debía mantener informados a los aparatos de la inteligencia y la contrainteligencia militares de todo contacto con visitantes extranjeros, sin distinciones de posturas políticas. En mí condición de oficial este requerimiento era, por supuesto, una orden. Y ya se sabe que las órdenes, en cualquier ejército del mundo, no se discuten: se cumplen. «Estamos en guerra contra el imperialismo yanqui, teniente», me dijeron como si leyeran en voz alta los titulares del periódico: «La Agencia Central de Inteligencia posee una exorbitante tienda de disfraces para enmascarar espías. No podemos bajar la guardia».

La guerra es la guerra. Me explicaron que mi casa era un centro de interés estratégico y que mi padre podía ser blanco del enemigo, por su bondad y gran prestigio intelectual. Entre los cientos de exiliados que por esos días regresaban a la isla con maletas repletas de pantalones vaqueros y maquinitas de afeitar desechables, venían cincuenta y cinco muchachos y muchachas que en principio no eran enemigos de la Revolución pues, siendo aún niños, habían sido llevados por sus padres a puertos seguros de Estados Unidos. Ahora, ellos habían decidido volver una temporada, contra viento y marea, a cuenta y riesgo, para rescatar la memoria perdida a noventa millas de sus infancias, asistir a una cita con el pasado y conocer cara a cara a sus contemporáneos, con quienes ansiaban confrontar ex-periencias generacionales. Integraban el primer destacamento de la Brigada Antonio Maceo. Una de esas jóvenes traía a mi hermana Fefé una carta de un amigo común. Así empezó todo. Mi casa se convirtió en un verdadero campamento. En un hormiguero. Noche tras noche mis hermanos y nuestros amigos dibujantes, poetas y trovadores nos reuníamos con ellos para contarnos nuestras vidas a quemarropa, intercambiar grabaciones de Bob Dylan y de María Teresa Vera, y volver a llorar escuchando leer a mi padre los poemas de En la Calzada de Jesús del Monte: «...por esa vena de piedras he ascendido, ciego de realidad entrañable, hasta que me cogió el torbellino endemoniado de ficciones y la ciudad imaginó los incesantes fantasmas que me esconden. Pero ahora retorna la circulación de la sangre y me vuelvo del cerebro a la entraña, que es donde sucede la muerte, puesto que lo que abruma en ella es lo que pesa. Y a medida que me vuelvo más real el soplo del pánico me purifica». El poeta Eliseo Diego era un patriarca generoso que ejercía una fascinación irresistible; habanero de pura cepa, conversador y simpático como pocos, papá enamoraba a tirios y a troyanos con su manera de contar historias de la tragicomedia insular, hasta que se dormía en el sillón del comedor sin decir las buenas noches, con un vaso de aguardiente posado sobre los muslos, y mamá le quitaba el cigarro que se consumía, en larga ceniza, entre los dedos de su mano; la fiesta entonces seguía en torno a los ronquidos del poeta, hasta la salida del sol. Entretanto, de confesión en confesión, los amigos de las dos orillas comprendimos una verdad que nos dejó desnudos: ellos podían haber sido nosotros, nosotros podíamos haber sido ellos.


Los miembros de mí familia, por ejemplo, teníamos pasaporte, visa del gobierno norteamericano y boleto de avión para abandonar la isla el lunes 4 de junio de 1962, pero veinticuatro horas antes de la partida mis padres renunciaron al viaje por razones estrictamente personales. Sus tres hijos nunca les reprochamos la decisión. «No es por azar que nacemos en un sitio y no en otro sino para dar testimonio», había escrito papá en el prólogo a un libro suyo, dedicado a nosotros, y Rapi, Fefé y yo estuvimos de acuerdo en dejar el nuestro, aunque fuese en algún rincón de esta isla, rodeada de sal por todas partes. De la peligrosidad de aquellos trámites migratorios supimos unos doce años después, al menos en detalle, cuando mi hermana Fefé fue citada a una oficina del Partido y una funcionaría de mal genio le sacó en cara el grueso expediente de la familia De Diego-García Marruz, donde se atesoraban, como pruebas de una infamia, las fotocopias de los pasaportes, nuestras caritas en los rectángulos de las fotos carnet y la escueta cancelación de los pasajes pagados en efectivo a la compañía KLM. Mí hermana estaba invalidada para ocupar un puesto de relativa confiabilidad porque a los once años le habían tramitado la salida del país. En las venas de la familia corría, al parecer, el virus de la traición. Semejante espada de Damodes estuvo pendiente sobre nuestras cabezas durante mucho tiempo, hasta que aprendimos a restarle importancia y nos atrevimos a decirles a nuestros nuevos amigos que nosotros pudimos ser uno de ellos, de haber abordado el avión de KLM que aquella mañana de junio de 1962 cubrió la ruta entre la ciudad de La Habana y la de Miami en cuarenta y cinco minutos de vuelo.


«La guerra es la guerra. Necesitamos que nos mantengas al tanto de lo que se habla en tu casa. Nunca se sabe dónde va a saltar la liebre. Es cosa de rutina. No te prohibimos relaciones con extranjeros, como está ordenado, pero pedimos tu colaboración en esta tarea», me dijeron, «Salúdame al viejo». Mi primer impulso fue negarme. El cubano no admite dos defectos: ser pesado o delator. La Revolución nos había enseñado a despreciar a los «chivatos». Los oficiales insistieron, sin apretar demasiado la tuerca. «Te será fácil. Eres escritor. Cuéntanos el cuento: puede tener final feliz.» Yo estaba aterrado. Para qué decir una cosa por otra: nunca he sido valiente. Me aferré a una tabla de salvación que había visto flotar en muchas películas que tratan el tema de las cortes y de la justicia: las declaraciones de un familiar cercano no tienen validez legal, propuse con ingenuidad. Mis superiores sonrieron. «Abre los ojos: estás en el pueblo y no ves las casas», dijeron con tono tranquilizador, «Lee, lee, y aprende quién es quién». Y para amargarme la vida me dejaron solo en la oficina, ante dos pulgadas de papeles con media docena de expedientes, casi todos escritos en mi contra y firmados de puño y letra por antiguos condiscípulos del Instituto, vecinos del barrio y algún que otro poeta o trovador, de esos que solían visitar el patio de mi casa para decir o cantar sus versos a mi padre, al calor de la noche habanera, entre copas de ron y coplas de esperanza. Revisé los informes con una mezcla de terror, curiosidad y desconcierto. El balance no dejaba lugar a dudas: Elíseo Alberto de Diego y García Marruz, alias Lichi, era descendiente de una estirpe de la rancia aristocracia cubana. Su tío bisabuelo, Elíseo Giber-ga, fue el gestor de la solución autonomista para el conflicto independentista cubano, ¡en noviembre de 1897! Ha bía cursado el segundo grado de la enseñanza primaria en el Colegio de La Salle. No renegó de su formación cristiana hasta el punto de que en el cercano 1969, Año del Esfuerzo Decisivo, aún iba los domingos a la iglesia de San Juan Bosco, donde después de misa enamoraba a una muchacha que no era miembro de la Federación de Mujeres Cubanas. Su hogar (el sustantivo hogar implicaba una crítica sutil) estaba repleto de literatura burguesa y era visitado con sospechosa frecuencia por intelectuales existencialís-tas, entre otros por el poeta José Lezama Lima, el sacerdote Ángel Gaztelu, y sus adorados tíos Cintio y Fina. Uno de los textos, redactado sin lugar a dudas por un poeta de provinciana inspiración, apuntaba un dato curioso: sólo se le conocían novias hermosas, lo cual podía significar una actitud elitista ante la mujer o una provocación al resto del colectivo de varones celosos. Visto el caso y comprobado el hecho, poco faltó para que me convencieran de que yo era un canalla de marca mayor.

La guerra es la guerra. Al final había un file rojo mamey, de carátula plastifícada. Una papa caliente. Quemaba en la mano. Lo dejé al último. Encendí un cigarro. Veamos, me dije. Dentro encontré un informe relacionado con mi familia. Una versión positiva pero detallada de las últimas reuniones celebradas en mi casa. El autor de En las oscuras manos del olvido era mencionado como un patriarca que ejercía una fascinación irresistible cuando contaba historias de la tragicomedia insular, antes de dormirse en el sillón, y mamá reaparecía en el acto {y en el Acta) para quitarle el cigarro que se consumía entre los dedos de la mano. A manera de posdata se notificaba a quien pudiera interesar que nosotros habíamos planeado «abandonar la Revolución» en junio de 1962, a bordo de un avión de la compañía KLM. Para este cronista, el dato resultaba «digno de tenerse en cuenta a la hora de.evaluar acciones presentes y futuras». Y firmaba a pie de página uno de aquellos jóvenes cubanos residentes en Miami, excelente persona, que no había vivido las intensas jornadas de la Revolución porque sus padres lo habían sacado del país por la misma fecha en que los míos decidieron no hacerlo con nosotros: en apenas tres semanas había aprendido las reglas del juego: «Nada es más importante que ser un buen revolucionario», leyó de seguro en muchas paredes de La Habana. Hay varias maneras de acumular méritos para alcanzar lo que Ernesto Che Guevara consideró «el eslabón más alto del ser humano». Una, anteponer los principios a los sentimientos. La auténtica familia es la Revolución. La verdadera lealtad, con la Revolución. Por cierto, tres o cuatro años después el amigo de Miami olvidó esas lecciones de la dictadura del proletariado y se declaró, ahora sí, crítico de la «autarquía comunista de Cuba». He olvidado su nombre. Recordar es volver a mentir. No le guardo gota de rencor. Sólo pena. Pena de pensar que yo, en la ratonera donde él cayó, tal vez hubiera hecho lo mismo. Quién sabe. Todo depende del tamaño y de la intensidad del miedo. Pero ésa es otra historia. La suya. La mía continúa en mi propia ratonera, la noche que le conté a mi padre lo que acababa de sucederme. «Me parece monstruoso», le dije, «Y lo peor es que haré el informe contra ustedes, carajo». Papá encendió su pipa y, luego de varios segundos espesos, me hizo un primer comentario: para él no era un informe «contra los míos» sino «sobre los míos». El piadoso intercambio de preposiciones significó una ayuda moral, sin duda. «Lo siento, hijo: eres un peón de infantería», me dijo papá y, para cambiar de tema, me leyó unos versos de William Bu tler Yeats que acababa de traducir esa tarde: «...esto, esto queda; pero yo anoto lo perdido. Multitudes / apresuradas van por esta calle sin saber que es sólo / aquella en que algo anduvo alguna vez como una ardiente nube». No pegué los ojos en toda la noche: amanecí doscientos años más viejo. Depuse las armas. Voluntariamente. A primera hora de esa mañana, después de izar la bandera en el campamento, entregué mi rendición por escrito.


Unos contra otros, otros sobre unos, muchos cubanos nos vimos entrampados en la red de la desconfianza. Los responsables de vigilancia de la cuadra rendían cuentas en los Comités de Defensa de la Revolución sobre la presencia de turistas y sospechosos en la zona, la combatividad de los vecinos y la música contrarrevolucionaria que se escuchaba en las fiestas del barrio (Celia Cruz, por ejemplo). Los compañeros de aula avisaban a los dirigentes de las organizaciones estudiantiles sobre las tendencias extranjerizantes y las preferencias sexuales de sus condiscípulos. Los compañeros del sindicato informaban a la administración de la empresa sobre cualquier comentario liberal de otros compañeros del sindicato. El babalao de Guanabacoa daba razón sobre lo que habían dicho sus caracoles de santería al profesor de marxismo-leninismo que había ido a consultar a los orishas sobre si podía subirse o no a una balsa rumbo a Miami. El activista de Opinión del Pueblo dejaba en los buzones de los municipios del Partido un parte sobre lo que su esposa había escuchado en la cola del pan o en la peluquería. El perro terminaba mordiéndose la cola: contra el responsable de vigilancia, el secretario de Organización y Propaganda informaba por debajo de la mesa que su mujer le pegaba los tarros con un ex preso político, y a espaldas del secretario de Organizá ción y Propaganda facilitaba datos el presidente del Comité, y contra el presidente del Comité escribía tal vez el ya reportado miembro del sindicato, compadre del profesor de marxismo-leninismo que había consultado al babalao de Guanabacoa, contra el cual, a su vez, quizás había pasado una gacetilla el joven extranjerizante del que habló el activista de Opinión del Pueblo, sin saber que su propia esposa había informado a las instancias pertinentes que su marido no había informado en tiempo y forma que su hijo les había informado que la otra noche había bailado una rumba contrarrevolucionaria, de Celia Cruz por ejemplo, y así hasta el fin de los tiempos. De preferencia, una confesión escrita a mano. El chisme adquirió metodología política. El correveidile (lo llamábamos «el trompeta»), una justificación histórica. El pueblo decía: «echar p'alante», «elevar el asunto», «levantar un papelón». Estoy convencido que en muchos casos las autoridades ní siquiera «daban curso» a los memoránda redactados por ciudadanos comunes y corrientes que no podían contar algo de interés estratégico: los forenses de la informática no iban a perder el tiempo con la autopsia de un fiambre. En mi opinión, lo que realmente importaba era contar con un archivo comprometedor, no una reseña sobre el posible acusado sino un arma contra el seguro confidente. Un texto donde cada uno de nosotros firmaba, a veces sin darnos cuenta del peligro, el compromiso de nuestro propio silencio, pues tarde o temprano esa página escondida en los naufragios de la historia podía salir a flote con su carga de mierda arriba. Digámoslo así: fue una inteligente manera de meternos el diablo en el cuerpo. El diablo de la culpa. Nadie, al menos para mí, es enteramente culpable de su miedo. Nadie. Absolutamente nadie.


Me dicen que a mediados de la década de los ochenta cambió el estilo de trabajo. Más bien la táctica. Los jóvenes pintores, teatreros, trovadores e intelectuales de la época, contestatarios por más señas, eran visitados en sus casas por los compañeros que atendían su caso, para conversar y discutir sobre temas de interés social. Pongan las comillas donde ustedes quieran. Esos encuentros tenían carácter preventivo: te perdonaban la vida, hasta cierto punto. De esta forma, sin duda más cortés, cada muchacho po-tencialmente conflictivo podía saber a tiempo cuánto hilo estiraría el papalote de su frágil disidencia: la tolerancia tenía límites, por supuesto. Pero eso fue después. A mi generación le tocó bailar con otra música de fondo. Para expresarlo con un juego de palabras puesto de moda por dos populares series televisivas de la época, «en silencio tuvieron que ser los diecisiete instantes de nuestra primavera». En la indetenible diligencia de la Revolución del pueblo, por el pueblo y para el pueblo sólo había sitio para los valientes. O subías al carro sobre la marcha o te quedabas como un paria a la orilla del camino, en territorio burgués. Una vez a bordo no estaba permitido bajar de la carreta por voluntad: si te cansabas o te rendías, si dudabas o temías, la vanguardia te cargaba por los brazos y por los pies, te columpiaba sobre el libro de la historia y te echaba al basurero del enemigo. Al calabozo o a la balsa. Escoge. Apenas te permitían llevar contigo lo que tuvieses puesto en el momento de la expulsión del paraíso. Una hoja de parra. Dos hojas de parra. Tres hojas de parra. Tus pertenencias y tu patrimonio serían intervenidos de inmediato. La multitud enardecida te repudiaba con insultos y escupitajos. Que se vayan. Que se vayan. Que se vayan. Y se fueron. Se fueron. Muchos se fueron. Para Miami, San Pe tersburgo, Caracas, Madrid, o San Juan. Varios amigos y conocidos míos, compañeros de estudio o de profesión, no pueden dormir en paz porque el fantasma del pasado les corta el paso en el metro de la ciudad de México, en las ramblas de Barcelona o en los bares de Nueva York: desde los años setenta, los peores del siglo xx cubano, se temen a sí mismos. La mayoría creyó en lo que hizo. De corazón. A conciencia. La patria nos pedía a todos por igual «el concurso de nuestros modestos esfuerzos», para decirlo con las palabras de despedida del Che, el ídolo sin contrincante de nuestra juventud. Los persuadieron o nos convencimos: en este caso, el sujeto omitido resulta insignificante. El verbo tampoco cambia los predicados. El resultado es idéntico. Los entiendo. Hoy por hoy, algunos se sienten sus propios enemigos. Yo lo fui de mí mismo. En algún nicho de seguridad aguardan, como tigres enjaulados, los informes donde dejaron por escrito la huella de sus terrores, Cuando menos te lo esperes, a las tres o a las cuatro y media de la madrugada, puede sonar el timbre del teléfono. Tres veces y colgarán. Dos veces y colgarán. Una vez y descolgarás. Y una voz nos saludará en clave, y desde el fondo de la noche: «Qué hubo, compadre, tanto tiempo, cómo está la familia, cuándo nos vemos, caballón», y a ti, a mí, a ustedes, a nosotros, nos temblará la quijada al decir «Hola», con obediencia. No soy quién para juzgarlos, pero si a alguien le preocupa el dato, digo aquí que los perdono, pues es la única manera de perdonarme. Sé que muchos no estarán de acuerdo conmigo porque por causa de esos informes fueron condenados injustamente a la cárcel, la soledad o el destierro, y hay que tener unos cojones de oro para condonar lo imperdonable. Los comprendo. También tengo mi tigre. Firmé aquellos informes contra o sobre los míos con un seudónimo, como era costumbre en estos casos. Me hice llamar Pablo (el nombre que hubiera querido para mi hijo) y conté la historia a mí manera, sin lastimar a nadie, creo yo. Espero yo. Dios lo quiera. Un buen día dejaron de buscarme. No me dieron explicaciones. Tampoco las pedí, por supuesto. Deben haberse cansado de mi prosa poética, de mi lirismo, de mis ficciones inútiles. Me faltaba carácter. Vocación. Principios. Yo seguía siendo un comemierda. Un cero a la derecha de la izquierda. A la Agencia Central de Inteligencia evidentemente no le interesaba mi persona, lo cual era prueba irrefutable de mi incapacidad. Me dejaron en paz. ¿En paz? No importa. Ya me tenían archivado. Yo estoy preso en un file. Aquellas hojas manuscritas, donde dije que colaborar voluntariamente con la historia significaba un privilegio del cual estaría orgulloso hasta el fin de mis días, son el antecedente directo de este libro. Sus primeras páginas. Pablo. Pablo es libre.

vilmaris
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#2 RE:Informe Contra Mi Mismo - Der Bericht gegen mich selbst
10.10.2004 21:19

Deserteur im Wahnsinn, «Balsero» im Zoo
Kubanische Exiltraumas in zwei Romanen von Eliseo Alberto


Es hatte Konsequenzen, als 1996 in Madrid in der Zeitschrift «Encuentro de la cultura de Cubana» ein viel beachtetes Romanfragment mit dem Titel «Los años grises» (Die grauen Jahre) erschien. Sein Autor, der 1951 in einem Vorort von Havanna geborene Eliseo Alberto, liess einige Monate später dann tatsächlich den im Fragment angekündigten Roman «Informe contra mí mismo» (Rapport gegen mich selbst) folgen. Damit hatte er sich seine Einreisesperre von Kuba gleich selber geschrieben. Weder seine Herkunft - er ist als Sohn von Eliseo Diego und Neffe von Cintio Vitier gleich mit zwei Vaterfiguren der kubanischen Literatur verbunden - noch die Tatsache, dass er selber in Kuba als Drehbuchautor,Poet und Romancier erfolgreich gewesen war, halfen ihm da.

Wut und Wehmut
Mit «Rapport gegen mich selbst», einer wütenden und zugleich wehmütigen Abrechnung mitseinem Leben unter Castros Herrschaft, war Alberto, vom kubanischen Staat mit dem Privileg eines Diplomatenpasses ausgestattet und seit 1990 mehrheitlich in Mexiko lebend, für die kubanischen Machthaber klar zu weit gegangen. Im folgenden Jahr erhielt er seine Verdammung dann noch hochoffiziell bestätigt, als Fidel Castro im Februar 1998 in einer TV-Rede erklärte: «Der sicherste Weg, um im Ausland einen Preis zu gewinnen und berühmt zu werden, ist, (. . .) einwiderliches und schmutziges Buch gegen die kubanische Revolution zu schreiben.» Auch wenn Alberto nicht der Einzige war, der sich dieses Sakrilegs schuldig gemacht hatte, war doch an allererster Stelle er gemeint; denn Alberto und kein anderer war es, der just in den Tagen vor Castros Rede in Spanien den renommierten «Alfaguara»-Literaturpreis erhalten hatte. Ausserdemhatte er das Drehbuch zu «Guantanamera» geschrieben, einem Film, den Castro in der gleichenRede als «konterrevolutionär» beschimpfte.

Allerdings brachte der kubanische Herrscher die Dinge dann doch gehörig durcheinander: Eliseo Alberto war zwar mit «Rapport gegen michselbst» bekannt geworden, den «Alfaguara»-Preis hatte er 1998 freilich nicht für dieses Buch, sondern für seinen damals gerade neu erschienenenRoman «Caracol Beach» bekommen, ein Werk, in welchem das kubanische Drama nur noch indirekt präsent ist - in der Hauptfigur des verrückten Exilkubaners Alberto «Beto» Milanés. Jetztist dieses sperrige, grosse Stück lateinamerikanischer Literatur endlich auch in deutscher Übersetzung erschienen.

In Eliseo Albertos eigenen Worten ist «Caracol Beach» ein «pazifistischer Roman, der äusserst gewalttätig daherkommt». Er handelt von der «Schamlosigkeit aller Kriege, die nicht etwa zu Ende sind, wenn die Politiker Friedensverträge unterzeichnen, sondern in den Überlebenden fortdauern». Seit 18 Jahren, seit 1976, dauert einer dieser - weitgehend vergessenen - Kriege des zu Ende gehenden 20. Jahrhunderts im Kopf des kubanischen Veteranen Alberto «Beto» Milanés fort. Dass es sich um einen kubanischen Soldaten des Angola-Krieges von 1975-1985 handelt, ist, wie Eliseo Alberto in der Schlussbemerkung zur Entstehung des über 300 Seiten starkenRomans ausführt, allerdings nicht der Kern der Sache; es könnte nämlich auch ein zum Strassenräuber gewordener kalifornischer Veteran desVietnam-Krieges, ein sandinistischer Kämpfer der nicaraguanischen Guerilla, ein palästinensischer Terrorist aus dem Krieg im Mittleren Osten oder ein Teilnehmer irgendeines Krieges sein. An kriegerischen Auseinandersetzungen mangelt es ja bekanntlich nicht, und «Soldaten sehn sich allegleich - lebendig und als Leich'», wie Wolf Biermann schon vor dreissig Jahren, auf dem Höhepunkt des Vietnam-Krieges, im «Lied vom Soldaten» provozierte.

Die Grundidee für «Caracol Beach» - das einen imaginären Ort bezeichnet, dem «Macondo» von Gabriel García Márquez durchaus vergleichbar, fast ausschliesslich von Einwanderernbewohnt und unschwer mit einem mondäneren Badeort im Süden Floridas zu assoziieren - entstand bereits 1989 anlässlich eines Drehbuch-Workshops in der Filmschule von San Antonio de los Baños bei Havanna. Eliseo Alberto assistierte dort seinem Freund und geliebten Meister Gabriel García Márquez, dem er nun auch den Roman widmet. Und sowohl Márquez' «magischer Realismus» manifestiert sich hier in beeindruckender Weise als auch seine (und natürlichAlbertos) Affinität zum Kino - die ständig wechselnden Schauplätze hinterlassen beim Lesen denEindruck eines Filmdrehbuches.

Jenseits aller Utopie
«Caracol Beach» spielt in der Nacht des 18. Juni 1994, als Alberto «Beto» Milanés beschliesst, endlich zu sterben. Er hatte einst 1976als Einziger seiner militärischen Einheit im angolanischen Dschungel von Ibondá de Akú dieHölle eines feindlichen Hinterhalts überlebt. Nun ist er bereit, sich dem geflügelten Tiger zu stellen, der ihn seither in seinen Wahnvorstellungen unablässig verfolgt. «Fahr zur Hölle», rufen die dreijugendlichen High-School-Absolventen, die in jener Nacht zum Bierholen für eine Party unterwegs sind, arglos dem schwer traumatisiertenKriegsveteranen zu, als sein Wagen ihren Chevrolet leicht streift. Sie können nicht ahnen, dass derKubaner genau das, und nichts anderes, im Sinn hat. Seit 18 Jahren schon will er sich umbringen, seit ihn Sam Ramos, ein amerikanischer Militärberater puertoricanischer Herkunft, im Dschungelnicht getötet, sondern ihm das Leben gerettet und ihm später die Übersiedelung nach Caracol Beach ermöglicht hat.

Mit einer anfänglich verwirrenden Vielfalt von Personen entwickelt sich die Tragödie: vollständig frei von Ideologien, aber auch jenseits jeglicher Utopie, dort, wo es keine grossartigen Kämpfe und Kriege für die gerechte Sache mehr gibt, sondern nur noch den Glauben an so einfache Dingewie Gnade oder Toleranz. «Es war ein kleiner, lächerlicher, ungenügender Sieg», heisst es am Schluss von «Caracol Beach», als am Ende jener Nacht voller Gewalt, Tod und Wahnsinn der Ex-Militär und Polizist Sam Ramos seinem missratenen Sohn, dem Transvestiten Mandy, hilft aufzustehen, und ihm die im Kampfgetümmel heruntergerutschte Haarschleife wieder aufsetzt.

«Männer wie Sam Ramos zeigen, dass wir Menschen höhere Wesen sind, weil wir es verstehen und vermögen, um Verzeihung zu bitten.»Solche und ähnliche Sinnsprüche über die menschliche Existenz tauchen auch in der Parabel «Die Geschichte von José», dem neuesten Roman von Eliseo Alberto, auf. Im eingangs erwähnten «Rapport gegen mich selbst» formulierteder Kubaner einmal eine tiefsinnig-ironische Definition des Unterschieds zwischen Kapitalismus und Sozialismus: «Wenn der Kapitalismusder Dschungel ist, dann ist der Sozialismus der Zoo.» Und wortwörtlich in einem Käfig im Zoo von Santa Fé sitzt am Ende des 20. Jahrhunderts der Exilkubaner José González, Protagonist der «Geschichte von José».

Das Tier, das weint und lacht
José, aufgewachsen in Atarés, einem Armenviertel Havannas, kommt 1977 zusammen mitVater, Schwester und einem weiteren Familienangehörigen als «Balsero», als Bootsflüchtling, indie USA, nach Santa Fé, einer imaginären Stadt in der Nähe von Caracol Beach. Als er 1983 den Liebhaber der kleinen Lulu, seiner ersten grossen Liebe, tötet, kommt er lebenslänglich ins Gefängnis. Sechzehn Jahre später erhält er die Gelegenheit, den Rest seines Lebens in einemZookäfig neben den Affen zu verbringen, als Vertreter der Gattung Mensch. - Diese absurde undzugleich anrührende Story, die seit ihrem Erscheinen gleichermassen durch «Big Brother» wiedurch die Groteske um den kubanischen Flüchtlingsknaben Elián zusätzliche Aktualität erhielt, zeigt Eliseo Alberto wieder einmal als - zutiefst kubanisch - begnadeten Fabulierer, der esvirtuos versteht, bisweilen vom Hundertsten ins Tausendste zu kommen und von dort wieder an den Ausgangspunkt zurückzufinden, ohne je zu langweilen. Und schliesslich ist «Die Geschichte von José», wo übrigens einige der Figuren aus «Caracol Beach» erneut auftauchen, eine der schönsten Liebesgeschichten seit langem, durchdrungen von einer äusserst eigenwilligen Definition der Liebe: «Der Mensch ist nicht nur daseinzige Tier, das weint und lacht, der Mensch ist auch das einzige Tier, das bereit ist, für einen anderen zu leiden.»

Geri Krebs

Eliseo Alberto: Caracol Beach. Aus dem Spanischen von Lutz Klische. Deutscher Taschenbuch-Verlag, München 2000. 320 S., Fr. 28.-.

Ders.: Die Geschichte von José. Aus dem Spanischen von Sibylle Martin. Kindler-Verlag, Reinbek bei Hamburg 2000. 252 S., Fr. 37.-.

vilmaris
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#3 Die Geschichte von José und Caracol Beach
10.10.2004 21:24

ELISEO ALBERTO: Die Geschichte von José und Caracol Beach


Havannas morbide Schönheit schlägt nicht nur Fremde, wie linke Intellektuelle und europäische Filmemacher, in ihren Bann. Wer hier geboren wurde, bleibt selbst im Exil der Insel treu. Von der Sehnsucht nach der verlorenen Heimat erzählen die Bücher des in Mexiko lebenden Schriftstellers und Drehbuchautors Eliseo Alberto. "Die Geschichte von José" und "Caracol Beach" spielen an einem imaginären Ort, nicht weit von Miami. In beiden Romanen stehen kubanische Emigranten im Mittelpunkt.

Anders als bei seinen Schriftstellerkollegen Zoé Valdés und Jesús Díaz sind weder Hass noch Verbitterung in Albertos Prosa spürbar, sondern Heimweh. 1997 legte der Sohn des berühmten Dichters Eliseo Diego, aufgefordert die eigene Familie zu bespitzeln, eine provozierende Abrechnung mit der selbsternannten revolutionären Regierung vor. Seit dem ist er im "freien Kuba" unerwünscht.

Eliseo Alberto über sein Verhältnis zu Kuba: "Meine Haltung gegenüber der kubanischen Regierung habe ich in "Rapport gegen mich selbst" dargelegt. Sie ist sehr kritisch und bezieht sich auf zwei Gedanken des kubanischen Dichters und gefeierten Unabhängigkeitskämpfers José Martí - obwohl ich kein großer Anhänger Martís bin. Ich respektiere ihn zwar, finde aber, dass er meinem Land viel Leid gebracht hat. Insbesondere hat uns geschadet, dass er die Helden und Freiheitskämpfer der vergangenen Jahrhunderte so verklärt hat. Von den gerechten und Gerechtigkeit liebenden Anfängen hat sich die Revolution zu einem Alptraum entwickelt. Das ist meine Meinung. Die permanente Revolution gibt es nicht, sie wird immer zur Konterrevolution."

Für viele ist Kuba zu einem schwimmenden Gefängnis geworden. Wie die meisten karibischen Boatpeople sucht auch der Titelheld in "Die Geschichte von José" die Freiheit im Land der unbegrenzten Möglichkeiten. Sein Fall endet jedoch tragisch. Die Emigranten und Armutsflüchtlinge sind in den USA unerwünscht. In den Kathedralen des Kapitalismus ist kein Platz für den nicht abreißenden Pilgerstrom aus Hispanos, Schwarzen und Osteuropäern. Für den jungen Kubaner José führt der Weg aus einem Gefängnis geradewegs in das nächste. In einem US-amerikanischen Zuchthaus wird der verträumte José zum Schwerverbrecher. Ein Zoodirektor, auf der Suche nach einer neuen Attraktion, richtet für José neben dem Affenhaus einen Käfig ein. José wird zur Sensation. Sein neues Zuhause ist ein Schaucontainer ohne Intimsphäre.

Eliseo Alberto über seine Hauptfigur: " ‚Die Geschichte von José' ist, wenn man so will, sehr metaphorisch. Sie handelt von einem Mann in einer Extremsituation, der gefangen ist und auf den alle Welt blickt. Man macht ihn zum Paradebeispiel für das Schlechte im Menschen, zum Vertreter Satans auf Erden. Hat ein Mensch unter solchen Voraussetzungen überhaupt noch die Möglichkeit, die Chance sich zu bessern? Nur durch Liebe und Freundschaft. Die anderen Romanfiguren beginnen José Brücken zu bauen, ihm die Hand zu reichen. ‚Die Geschichte von José' wie auch ‚Caracol Beach', sind beide eine Reflexion über die Einsamkeit. Alle Charaktere sind darin grundeinsam."

In dem Thriller "Caracol Beach" beschreibt Alberto den Amoklauf eines kubanischen Angolaveteranen, der drei College Absolventen an einem Highway kidnappt und sie in einer Spirale der Gewalt am Ende zwingt, ihn zu töten.

Eliseo Albertos Romane sind nicht nur filmisch erzählt, sondern auch spannend und amüsant. In seinen Helden und Nebenfiguren gelingt es ihm, die vielen Schicksale ganz unterschiedlicher Exilanten einzufangen und zu einer, trotz Leid, hoffnungsvollen Gegenwelt zu verknüpfen. Tod und Gewalt sind in den Büchern des Kubaners zwar allgegenwärtig, aber zuletzt siegen Freundschaft und Liebe. Sein Blick auf die Insel und das Exil erfasst neben dem Tragischen immer auch das Komische. Albertos Figuren sind Gefangene zwischen zwei Systemen, die der Autor so unterscheidet: " Wenn der Kapitalismus der Dschungel ist, dann ist der Sozialismus der zoologische Garten."

Evita Bauer

Eliseo Alberto
Die Geschichte von José
Kindler Verlag, Reinbek
DM 39,80

Eliseo Alberto
Caracol Beach
Deutscher Taschenbuch Verlag, München
DM 28,00

Moskito
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#4 RE:Informe Contra Mi Mismo - Der Bericht gegen mich selbst
11.10.2004 07:36

In Antwort auf:
wie des regimetreuen Kollegen Pandura
Bist du jetzt Schriftsteller geworden, joaquim?

Moskito

Simon
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#5 RE:Die Geschichte von José und Caracol Beach
14.10.2004 22:16

In Antwort auf:
Eliseo Alberto
Die Geschichte von José
Kindler Verlag, Reinbek
DM 39,80

Eliseo Alberto
Caracol Beach
Deutscher Taschenbuch Verlag, München
DM 28,00


Leider, kam ich nach der einführung des Euros nach Deutschland.28 DM sind für mich zu teuer.

Ceres
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#6 RE:Informe Contra Mi Mismo - Der Bericht gegen mich selbst
21.10.2004 10:30

>Für alle, die es leid sind, triviale kubanische Literatur wie des regimetreuen Kollegen Pandura zu lesen.

Ich nehme mal an, du hast Leonardo Padura gemeint. Kannst du das näher ausführen bzw. auch belegen, würde mich interessieren wie du auf solche Schlussfolgerungen kommst.

Die Texte von Eliseo Alberto sind sehr interessant und vor allem aufschlussreich, gut dass das hier mal zur Sprache kam.


pearline
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#7 RE:Informe Contra Mi Mismo - Der Bericht gegen mich selbst
29.10.2004 22:12

Danke für die Literaturempfehlung, ich werde sie mir sicher alle zu Gemüte führen + freu mich schon drauf. Von Eliseo Alberto habe ich noch nichts gelesen, Valdes war sehr "erfrischend+berührend", Arenas und Dìaz ergreifend. Wenn Du noch weiteres zu empfehlen hast, teile es mir bitte mit, pearline

bastians
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#8 RE:Informe Contra Mi Mismo - Der Bericht gegen mich selbst
29.10.2004 23:35

Moin,

wir haben noch von Alejo Carpentier "Die Explosion in der Kathedrale" (El siglo de las luzes) und "Die verlorenen Spuren" sehr gut gefallen.

ciao
Bastian
--
Was wir da machen ist verboten,
aber es ist wunderbar
(TSS) --

vilmaris
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#9 RE:Informe Contra Mi Mismo - Der Bericht gegen mich selbst
31.10.2004 13:44

@ Pearline (für beide m/w)

hier ein interessanter Artikel über kubanische Literatur:

In Antwort auf:
¿Qué es la literatura cubana?
por RAFAEL ROJAS, México D. F.

Dice George Steiner que "la crítica literaria debería surgir de una deuda de amor". Para responder la pregunta que encabeza este artículo, quisiera dejar a un lado el ejercicio de la "distinción", que rige cualquier postulado del juicio o el gusto, y hablar del "territorio", esto es, descender de la crítica literaria a la política intelectual. ¿Cuál es, entonces, el territorio de la literatura cubana? Ni más ni menos aquel que, en su dispersión, comparten todos los escritores cubanos que viven en la Isla y en la diáspora.

Literatura cubana son los clásicos de la segunda mitad del siglo XX que permanecieron en Cuba tras el triunfo de la Revolución (Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Dulce María Loynaz, Eliseo Diego...) y son también los que optaron racionalmente por el Exilio (Lydia Cabrera, Jorge Mañach, Gastón Baquero, Lino Novás Calvo, Carlos Montenegro, Enrique Labrador Ruiz...). Literatura cubana son los autores que fundieron sus vidas al proyecto revolucionario (Cintio Vitier, Roberto Fernández Retamar, Pablo Armando Fernández, Miguel Barnet, Ambrosio Fornet, Lisandro Otero...) y son también los que rompieron públicamente con el Estado cubano (Guillermo Cabrera Infante, Heberto Padilla, Reinaldo Arenas, Severo Sarduy, Lorenzo García Vega, Jesús Díaz...).

Narrativa cubana es La noche del aguafiestas de Antón Arrufat y Mujer en traje de batalla de Antonio Benítez Rojo, Tuyo es el reino de Abilio Estévez y La nada cotidiana de Zoé Valdés, La novela de mi vida de Leonardo Padura y Las palabras perdidas de Jesús Díaz, El vuelo del gato de Abel Prieto y Caracol Beach de Eliseo Alberto, Contrabando de sombras de Antonio José Ponte y Livadia de José Manuel Prieto, El pájaro: pincel y tinta china de Ena Lucía Portela e Historias de Olmo de Rolando Sánchez Mejías, Trilogía sucia de la Habana de Pedro Juan Gutiérrez y La travesía secreta de Carlos Victoria.

Poesía cubana es Algo de lo sagrado de Omar Pérez y Puntos de apoyo de Pablo Medina, Los territorios de la muerte de Liudmila Quincoses y Fata Morgana de Lourdes Gil, Puente de guitarra de Raúl Rivero y Cuerpos en bandeja de Orlando González Esteva, Páramos de Reina María Rodríguez y La isla rota de Iraida Iturralde, A la sombra de los muchachos en flor de Nelson Simón y Confesiones del estrangulador de Flagler Street de Néstor Díaz de Villegas.

Ensayo cubano es Margarita Mateo y Gustavo Pérez Firmat, Enrique Saínz y Roberto González Echevarría, Jorge Luis Arcos y Enrico Mario Santí, Nara Araújo y Madeline Cámara, Victor Fowler e Iván de la Nuez, Rufo Caballero y Emilio Ichikawa, Oscar Zanetti y Marifeli Pérez Stable, Desiderio Navarro y Jorge Domínguez, José Luis Rodríguez y Carmelo Mesa Lago, Alberto Garrandés y Carlos Espinosa, Eliades Acosta Matos y Román de la Campa.

Es literatura cubana la que escriben María Elena Blanco en Viena y Pedro de Jesús en Fomento, René Vázquez Díaz en Estocolmo y Teresa Melo en Santiago de Cuba, Eduardo Manet en París e Ileana Álvarez en Ciego de Ávila, Manuel Díaz Martínez en las Canarias y José Kozer en La Florida, Enrique del Risco en Nueva York y Gerardo Fernández Fe en La Habana, Rolando Sánchez Mejías en Barcelona y Daína Chaviano en Miami, Yanitzia Canetti en Boston y Ronaldo Menéndez en Lima, Wendy Guerra en Miramar y Andrés Jorge en Cuernavaca, Luis Manuel García en Madrid y Osvaldo Navarro en el D. F.

Son instituciones de la literatura cubana las revistas La Gaceta de Cuba y Encuentro de la Cultura Cubana, Temas y Cuban Studies, Casa de las Américas y Revista de la Fundación Hispano-Cubana, Unión y Linden Lane Magazzine. Son también instituciones de la literatura cubana las editoriales Letras Cubanas y Universal, Arte y Literatura y Verbum, Ciencias Sociales y Colibrí, Unión y Plaza Mayor, los periódicos Granma y El Diario Las Américas, Juventud Rebelde y El Nuevo Herald, La Jiribilla y Encuentro en la Red.

Lamentablemente, la dispersión de este campo intelectual no sólo es geográfica: también es moral y política. El injusto aislamiento de Cuba impide la comunicación diáfana entre esos pequeños lugares que conforman el vasto territorio de la literatura cubana. La rica producción intelectual de la Isla es muy poco conocida en la diáspora y la no menos rica producción intelectual de la diáspora tampoco es reconocida en la Isla. Este desconocimiento mutuo genera incomunicación y recelo.

En la Habana hay quienes piensan que un escritor que se opone públicamente al régimen cubano es incapaz de hacer buena literatura. En Miami no falta quien crea que apoyar al Gobierno de Fidel Castro es una actitud irreconciliable con la buena poesía o la buena prosa. En ambos extremos persiste la idea de que la literatura no es un arte, sino una ideología. Los más interesados en ocultar esta incomunicación y simular una apertura son, precisamente, aquellos que aspiran al control político del territorio de la literatura cubana.

¿Cómo articular el espacio público de un campo intelectual tan refractario y centrífugo? ¿Cómo lograr comunicación y diálogo entre sujetos culturales tan crispados y emotivos? ¿Habrá que desechar la idea de que la cultura cubana posea una sede nacional, abierta y tolerante, donde quepan todos los actores? ¿O habrá, por el contrario, que imaginar una dialéctica postnacional, que administre los conflictos simbólicos entre la Isla y la diáspora? Estas son preguntas ineludibles para los políticos e intelectuales cubanos del siglo XXI.



vilmaris
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#10 RE:Informe Contra Mi Mismo - Der Bericht gegen mich selbst
31.10.2004 13:50

@ pearline

eine sehr gute Quelle über kubanische Liteartur ist auch folgender Sammelband:

"Cuba en la distancia"

http://www.promacc.com/encuentro1/pimerap.pdf


Ceres
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#11 Für alle, die es leid sind, triviale kub. Lit. wie des regimetreuen Padura...
31.10.2004 19:24

Also ich warte noch immer auf einen Beleg deiner Aussage über Padura hier, mein lieber vilmaris.

Wenn Padura in seinem Buch "Mascaras" über die Welle von übergriffen auf die "maricones" schreibt,
so finde ich das nicht gerade linientreu. Oder wie auch in anderen seiner Bücher über die kriminellen
Verstrickungen von Entscheidungsträgern, über Korruption, Privilegien einer "Oberschicht" usw.
Wenn du Action suchst, dann sind seine Bücher trivial. Die Handlung ist sehr personenbezogen.

Wenn jemand es knallhart mag, dem sei Pedro Juan Gutierrez empfohlen. Er nimmt kein Blatt vor den Mund.
Man sagt er sei der kubanische Bukowski, wobei ich den eigentlich nicht so sehr mag.

Valdés kann gut schreiben, hat aber etwas Verbissenes mit ihrer radikalen Anti Castrohaltung.

Auf jeden Fall gehören die kubanischen Schriftsteller zu den Meistern ihres Fachs.


vilmaris
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#12 RE:Für alle, die es leid sind, triviale kub. Lit. wie des regimetreuen Padura..
31.10.2004 19:39

@ ceres

also weil Du ja eine ganz "Nette" bist, werde ich dir jetzt antworten.

Ich kenne von Padura in der Tat nur "Paisaje de otoño", aber mir hat das ehrlich gesagt gereicht.

Die Menge an Klischees in diesem Buch ist wirklich unerträglich. Ausgangspunkt des Bösen ist ein Familienvater, der seine Familie verlässt, um in Miami sein Glück zu versuchen.
Als er zurückkommt um seine gestohlenen Schätze aus der Revolutionszeit zurückzuholen, nimmt das Unglück seinen Lauf. (LOOOOOOOOOOOOOOL)

Deutsche Version erscheint übrigens im nächsten Herbst:

http://www.unionsverlag.com/info/title.asp?title_id=2244

vilmaris
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#13 RE:Für alle, die es leid sind, triviale kub. Lit. wie des regimetreuen Padura..
31.10.2004 19:43

@ Ceres

In Antwort auf:
Auf jeden Fall gehören die kubanischen Schriftsteller zu den Meistern ihres Fachs.

LOL! wie differenzierend ausgedrückt!! Valdés, Gutiérrez oder eben Padura sind allenfalls mittelmäßige Schriftsteller.

Wirklich gut sind Díaz oder aber Eliseo Alberto, wobei mir der letztere eigentlich am besten gefällt.

vilmaris
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#14 RE:Für alle, die es leid sind, triviale kub. Lit. wie des regimetreuen Padura..
31.10.2004 19:47

@ ceres

um Deinem Drang nach Selbstbestätigung zu befriedigen hier eine Jubelrezension aus der "Jungen Welt" (LOL)

In Antwort auf:
Vom Musterspion zum sentimentalen Säufer
Der kubanische Kriminalroman und die Revolution - ein Überblick

Havanna 1952. Mord an einer Prostituierten. In »Enigma para un domingo« (1971) von Ignacio Cárdenas Acuña versucht ein klassischer Privatdetektiv angel-sächsischen Musters, dieses »Rätsel für einen Sonntag« zu knacken und landet dabei für zwölf Jahre hinter Gittern. 130 Jahre nach Poe markiert der Roman den späten Start der Gattung in Kuba - und den Beginn eines Booms.

Die Darstellung kapitalistischer Korruption und Dekadenz unter Batista ist in die Zeit nach 1959 eingebettet: Die postrevolutionäre Justiz rollt den Fall des in die mafiose Gesellschaftsstruktur verwickelten, doch damals zu Unrecht verurteilten Detektivs wieder auf und rehabilitiert ihn schließlich. Eine geschichtliche Notwendigkeit wird vor Augen geführt: die Überwindung dieses Zustands durch die kubanische Revolution.

Havanna 1971. Zwölf Jahre nach der Revolution beschließt der »Erste Nationale Kongreß zu Erziehung und Kultur« die Förderung populärer Massenkultur. Ideologische Werte sollen dabei ästhetisch-formalen vorgezogen werden. Denn der Literaturbetrieb Kubas ist nach Ansicht der politischen Führung zu sehr auf eine intellektuelle Minderheit ausgerichtet, anstatt großen Teilen der Bevölkerung Identifikationsmöglichkeiten zu bieten und gleichzeitig die Werte des sozialistischen Systems zu vermitteln. Der Kriminalroman mit seinen Möglichkeiten zur klaren Einteilung in Gut und Böse und seiner geringen Distanz zum Leser wird zurecht für bestens geeignet befunden: die Geburt des Krimis als revolutionär- didaktisches Genre.

Ein Jahr später starten die Wettbewerbe des Innenministeriums, fünf Jahre später die der Schriftsteller- und Künstlervereinigung. Und was liegt näher, als die einer Prämierung stets folgende Publikation mittels des Subgenres Spionageroman zu nutzen? Über einen Million Kubaner wandern von 1960 bis 1980 aus, und verbissen bedroht der yanqui sein ehemaliges Bordell in der Karibik. Die CIA- geführte Schweinebucht-Invasion im Hinterkopf und das vermeintliche Paradies Miami vor der Nase, thematisiert der kubanische Kriminalromanschriftsteller in der Folge vornehmlich US-Infiltration, kubanische Gegenspionage im Feindesland und Landesflucht. Klassenkampf im Kriminalroman. Häufig stehen die »gewöhnlichen« Vergehen wie Diebstahl, Raub und Mord mit diesen Kapitalverbrechen in Verbindung. Lächerliche oder suspekte Nebenrollen spielen Eigenbrötler, Arbeitsscheue, amerikanisierte Exilkubaner, Homosexuelle, Katholiken und Abergläubische.

1973 liegt die Rue Morgue im Vedado-Viertel Havannas. Doppelmord! Er folgt einem Juwelendiebstahl in der »Rubinkette« (La ronda de los rubíes). Ihre Finger im Spiel hat die CIA, denn die Steine unterstützen eine Fluchthilfeorganisation. Zwei Jahre später zeigt »Los hombres color del silencio« ein weiteres konterrevolutionäres Vorhaben des US-Geheimdienstes. Der eingeschleuste Gegenagent Arencibia kann die Sabotage einer Raffinerie jedoch verhindern. Den Genossen vom Departamento de Seguridad del Estado, den Tischtennisfanatiker Major Alba, beobachtet der Roman »Joy« (1978) bei der Vereitelung eines besonders perfiden CIA-Plans, der Verseuchung der Zitrusernte mit dem »Traurigkeitsvirus«. Daß diese Fiktion von Daniel Chavarría nicht ins Land der Phantasie gehört, führt die kürzlich erfolgte Freigabe der US-Regierungsunterlagen der Jahre 1962 bis 1964 vor Augen: Im Zuge eines Einmarschs in Kuba sollten kubanische Benzinvorräte mit Bakterien infiziert werden.

Luis Rogelio Nogueras' »Y si muero mañana« spielt hauptsächlich im Agentenmilieu in New York, wo die Geheimdienste ihre heimtückischen Aktionen gegen Kuba planen. Leutnant Ricardo Villa Solana stirbt fern der Heimat den Märtyrertod und erklärt in seinem Testament das Pathos des Romantitels: »Wenn ich morgen sterbe, dann dafür, daß die Hoffnung auf eine glanzvolle Zukunft weiterlebt.«

Derselbe Autor erzählt in »Nosotros, los sobrevivientes« die Geschichte von Agent Alex alias Ricardo, antiimperialistischer Spion in den USA, und den Bemühungen der CIA, dessen wahre Identität herauszufinden. Auch Ricardo stirbt fürs Vaterland. Auf dem Meer vor Miami, in einem Boot, im Kampf gegen Konterrevolutionäre.

»Das Netz und der Dreizack« (1985) dreht den Spieß um. Der Roman von Gregorio Ortega beschäftigt sich eingehend mit der Charakterisierung der Gegenseite, eines CIA-Agenten - Opfer des kapitalistischen Nachbarsystems. Dahin will Tony Santa Cruz, der kriminelle Fischer aus »Primero muerto«. Doch zum Fliehen braucht man Geld. Das liegt auf dem Meeresgrund, in Form eines antiken Goldschatzes. Üble nordamerikanische Drogenhändler und Devisenspekulanten und ein opportunistischer einheimischer Finanzangestellter mischen mit. Neue Komponente dieses Kriminalromans von 1986: zahlreiche Anspielungen auf die kleinen Überlebenskämpfe des kubanischen Volkes.

Den großen Romanhelden fehlt stets die »westliche« Brutalität. Gewaltanwendung nur im Notfall. Im Kuba-Krimi operieren nicht sadistische Konsumterroristen à la James Bond; sanfte Spione, unterstützt von tausend Augen aus dem Volk, den »Komitees zur Verteidigung der Revolution« (CDR), kämpfen für das Wohl der Gemeinschaft. Dem technisch überlegenen und grausameren Goliath USA hat David Kuba meist nur seinen moralischen Vorsprung entgegenzusetzen. Schnitt.

Havanna 1989. Auftritt Leutnant Mario Conde. Der Polizeidetektiv ermittelt in den Kriminalromanen »Pasado perfecto«, »Vientos de cuaresma« und »Máscaras« (1991-1997) von Leonardo Padura Fuentes (Jg. '55). Der frühere Journalist und Literaturkritiker begründet mit seiner als Tetralogie geplanten Serie einen neuen, realistischen und kritischen Kriminalroman in Kuba und nennt ihn novela neopolicíaca.

Hohe kubanische Funktionäre, nie zuvor attackiert, stehen auf der Seite des Bösen. Máximo líder Fidel begegnet der wirtschaftlichen Krise mit Anleihen beim Kapitalismus und der bedingungslosen Öffnung für den Tourismus. Spaltung der Gesellschaft. Havanna verfällt. Um Korruption, Drogenhandel, Auslandskult, Jagd nach Dollars, Schwarzmarkt und Prostitution kreisen die Kriminalfälle dieser Romane. Um die alltäglichen Miseren in einem gebeutelten Land.

In erster Linie gestalten Paduras Texte jedoch das Psychogramm des Detektivs Mario Conde. Den hält die Melancholie gefangen. Darin ähnelt der paralysierte Protagonist dem Philip Marlowe des späten Chandler. Der verhinderte Schriftsteller und unfreiwillige Junggeselle ist so traurig wie der Inhalt seines Kühlschranks. Einmal öffnet er ihn und sieht ihr in die Augen: der »Einsamkeit zweier möglicherweise prähistorischer Eier und eines Stücks Brot, das gut und gerne schon in Stalingrad dabeigewesen sein könnte. Reiner sozialistischer Realismus, sagte er sich.«

Mario Conde formuliert Paduras Enttäuschung, die seiner desillusionierten Generation und eines Großteils der kubanischen Bevölkerung. Sein empfindsamer pessimistischer Held begegnet der Realität mit Nostalgie, Resignation und vielen Flaschen Rum.

Leonardo Padura präsentiert, zum ersten Mal im Kriminalroman, auch andere Opfer der kubanischen Geschichte. »Flaco« Carlos ist an den Rollstuhl gefesselt: eine Kugel in Angola ... Alle Sympathien gehören dem Dicken, Intimfreund und Saufkumpan des sentimentalen Detektivs. Máscaras blättert mit dem Dramatiker Alberto Marqués lange im dunklen Kapitel »Literaturpolitik der 70er Jahre«. Reales Vorbild der Figur ist Virgilio Piñera. Der Theatermann war damals »parametriert« worden. Ein homosexueller Intellektueller und eiserner Individualist - katholisch hätte noch gefehlt - konnte die Künstlern und Erziehenden abverlangten revolutionären Parameter nicht erfüllen. Berufsverbot wegen sexueller Devianz. Auch ein Ergebnis des »Kultur- und Erziehungskongresses« von 1971.

Kulturpolitische Entspannung in den 90er Jahren bedeutet die Publikation dieser Romane in Kuba. Verschwunden sind der ideologische Lehrcharakter, der Fortschrittsoptimismus und die Form des Spionageromans. Statt dessen Erweiterung des Genres, Anpassung an internationale Standards. Und viel Verzweiflung ...
Thomas Kaiser



Chris
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#15 RE:Für alle, die es leid sind, triviale kub. Lit. wie des regimetreuen Padura..
31.10.2004 20:02

@Vilmaris

In Antwort auf:
Valdés, Gutiérrez oder eben Padura sind allenfalls mittelmäßige Schriftsteller.


du wirst doch nicht etwa der Literaturkritiker Marcel Reich-Ranicky höchstpersönlich sein?? Inkognito??

Saludos
Chris

P.S. hätte ja eher auf einen Ökonomen oder BWL-ler getippt.
Sag mal, wann warst du eigentlich das letzte Mal auf Cuba? Das würde mich jetzt doch brennend interessieren.
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tito
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#16 RE:Für alle, die es leid sind, triviale kub. Lit. wie des regimetreuen Padura..
31.10.2004 20:03

Also mir gefällt ganz eindeutig José Lezama Lima am besten. (Sein Roman heißt "Paradiso", bei Suhrkamp zu haben.)
Viele Kubaner kennen den Namen gar nicht, was mich immer wieder verblüfft.
Für die Intellektuellen hingegen ist er ein Gott.

Der eine oder andere erinnert sich bestimmt das er in "Erdbeer und Schokolade" ständig erwähnt wird. Es tauchen auch Photos von ihm im Bild auf.
Das gleiche gilt für den Film "Bevor es Nacht wird in Havanna" (Reinaldo Arenas), dort tritt Lezama als Schauspielfigur auf (er hatte Arenas gefördert).
Viele der bekannten Südamerikanischen Schriftsteller berufen sich immer wieder ausdrücklich auf ihn. (Cortazar, Vargas Llosa).

Es gibt ein kleines aber feines Lezama Lima Museum in der Trocadero 162, e/ Crespo y Industria, unweit vom Hotel Sevilla. Das tollste: der Museums-Führer weigert sich Trinkgeld zu nehmen, was man ja doch eher selten auf Kuba erlebt, aber vielleicht hatte er auch einfach Angst es anzunehmen.

Wo ich grad dabei bin:
In der Location von "Erdbeer und Schokolade" (endlich als DVD erschienen) gibt es ein wahnsinnig tolles romantisches Restaurant, ich liebe dieses Haus.
La Guardia, Calle Concordia 418, e/ Gervasio y Escobar.

ps. man muß leider ganz klar sagen das der von den Kubanern so geliebte Marti im Vergleich zu Lezama einfach nur ein Wicht ist.

Allerdings kann ich Paradiso wirklich nicht als Urlaubslektüre empfehlen, denn einfach zu lesen ist es nicht.

vilmaris
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#17 RE:Für alle, die es leid sind, triviale kub. Lit. wie des regimetreuen Padura..
31.10.2004 20:13

@ Tito

Vor einigen Jahren wurde der kubanische Schriftsteller Gastón Baquero gefragt, wie sein persönlicher Eintrag für die Person Fidel Castro in die Encyclopedia Britannica lauten würde.

Seine Antwort:

"Oscuro dictador que vivió en una isla del Caribe en tiempos de Lezama Lima"

"Ein finsterer Diktator auf einer karibischen Insel, der zur Zeiten eines Lezama Lima lebte."


LOOOOOOOL!

vilmaris
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#18 RE:Für alle, die es leid sind, triviale kub. Lit. wie des regimetreuen Padura..
31.10.2004 20:17

@ Tito

In Antwort auf:
Also mir gefällt ganz eindeutig José Lezama Lima am besten. (Sein Roman heißt "Paradiso", bei Suhrkamp zu haben.)
Viele Kubaner kennen den Namen gar nicht, was mich immer wieder verblüfft.
Für die Intellektuellen hingegen ist er ein Gott.

Das ist gar nicht verblüffend, weil gemäß Herrn Castro die kubanische Literatur definitiv erst mit der Revolution begonnen hat. Davor war gemäß Herrn Dr. Castro Kuba ein Rattenloch aus Korruption, Prostitution und Armut unter der Herrschaft der amerikanischen Mafia. Natürlich waren die damalige Schriftsteller alles kapitalistische Speichellecker und mussten daher totgeschwiegen werden.


Ceres
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#19 RE:Für alle, die es leid sind, triviale kub. Lit. wie des regimetreuen Padura..
31.10.2004 23:09

@ vilmaris

"Paisaje de otoño" gehört sicherlich nicht zu den besten Büchern Paduras, insofern gebe ich dir Recht.

Meine Bemerkung über die kubanischen Schriftsteller war mehr allgemeiner Natur. Es ist schon erstaunlich was für eine reichhaltige Kultur diese kleine Insel zu bieten hat.

Was heisst schon Mittelmäßigkeit? Gutierrez zum Beispiel, er kommt ganz ungeschminkt und vor allem echt herüber. Er würde sowieso auf deine Meinung scheissen, um es mit seinen Worten auszudrücken. Gutierrez ist Gutierrez, er hat seine eigenen Stil, er braucht sich nicht bei jemandem anzulehnen. Entweder es gefällt einem oder es stösst einen ab. Er klingt auf jeden Fall autentisch. Für mich gehört dieses Genre zur Literatur, auch wenn manche es als Trash bezeichnen würden.

Übrigens kommt es mir vor, dass sich Padura bisweilen bei ihm bedient um es dann weniger intensiv auszudrücken.

>Um Deinem Drang nach Selbstbestätigung zu befriedigen hier eine Jubelrezension aus der "Jungen Welt" (LOL)

Also ich ziehe es im Allgemeinen vor, mir meine Meinung über ein Buch selbst zu bilden. Obwohl Rezensionen natürlich manchmal auch interessant und aufschlussreich sein können.

Ceres
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#20 Kubanische Literatur
31.10.2004 23:17

Da wir so schön von Literatur hier sprechen.

Was haltet ihr davon? :

Back to the basics, sind wir nicht hier um unsere spanischen Gehirnzellen zu beschäftigen?


COMPOSICIÓN CON INTRODUCCIÓN, NUDO Y DESENLACE

INTRODUCCIÓN

Meterse a clasificar cuántos tipos de buzos hay, y cuáles son sus diferencias a partir de los modus operandi, ubicación geográfica, y tarea específica, podría resultar labor de muy larga duración.

Los Larga Duración eran unos discos de plástico que se llamaban así, y lo de Larga Duración, o LD, o LP por las siglas en inglés de Lonplei –que vendría a significar algo así como lon-largo y plei-juego, y entonces sería un juego largo, en pelota (o beisbol, para seguir en inglichs) sería un juego de más de nueve inings, y en fútbol (para hablar de cosas conocidas en Europa, mercado natural de esta historia), un partido con sus dos mitades, tiempo extra y decisión final por tiros libres–...

¿Por en dónde íbamos? Ya, eran unos discos de música, que traían entre doce y quince canciones, y que pasaron a la historia cuando aparecieron los Cidis (de compat dis, o disco compacto en español) que traen igual cantidad de canciones, o más, o menos, según sea de hijo de puta el productor, y que son de lo más útiles si usted los cuelga con un cordel del espejo de mirar patrás de su automóvil, pues impedirá a los policías de tránsito, cuando le apunten con la pistola radar, averiguar a qué velocidad viene usted. Si usted tiene automóvil.

Si usted no tiene automóvil, no siga leyendo. Me interesa que me lean tipos que tengan automóvil, pues esos son los que tienen el baro, el melón, los fulas, los dólares, los euros, los yenes o las libras esterlinas, objetivo final de este cuento. Bueno, objetivo final mío al escribir este cuento. Así, pues, deja de leer, que no te toca, y cuando tengas un baro, veremos qué se hace.

Ahora, despejado el perímetro de muertos de hambre, que no me voy a poner a escribir mierda de gratis, sigo. A propósito, mierda es lo que buscan los buzos al ejercer su oficio, tan viejo como la putería. Si no lo cree, fíjese en las pirámides egipsias: ¿de qué están llenas? De dibujitos de mierda, que se llaman geroglificos. Los faraones eran fanes del buzeo, incluso tenían un dios, el dios Aquenatón, que en egipcio de antes significa “aquel que nació en un latón”. Se sobreentiende que se refiere a aquel que nació en un latón de basura.

Y es que como todo, la vida salió de la basura. ¿O usted se creyó el cuento del dios flotando sobre las aguas y que el verbo era lo primero? Usted no puede haberse creído eso, pues entonces usted sería un inocente. Y si fuera un inocente, no tendría automóvil, y si no tuviera automóvil, no estuviera leyendo esta parte de la historia, pues por allá encima yo aclaré que esta historia es para gente con automóvil.
O sea, si usted esta leyéndome es porque tiene automóvil, no es inocente, es tronco de delincuente y sabe perfectamente de qué estoy hablando, sabe de toda la basura de este mundo, porque la ha venido haciendo. Lo que puede que a lo mejor no sea un especialista, y entonces este cuento le puede servir para algo. La superación.

Pues bien, al principio, fue la basura. Y qué sería lo primero, sino la basura, después del gran despingue que se formó después del big-ban... ¿Qué significa big-ban? Big, en inglés, es grande, y ban viene de ba, raíz de la palabra a la que vamos, o van los buzos, esto es, a la ba-sura.
Un último detalle, para terminar con los detalles. Esta hipótesis es desarrollada con amplitud, por otro escritor, alemán, (¡¡¡alemán!!!, que esos sí que nunca se equivocan) en un tratado que tituló “El ángel Azul”, donde repite una y otra vez el origen del término Ba-sura.
Napoleón fue otro fan del buzeo. Cuando se fue pa Egipto, se llevó con él a un buzo famosísimo, y lo obligó a bucearse cada una de las tumbas de los faraones, hasta que encontró la piedra Roseta, desde entonces reconocida como una de las basuras más importantes de la historia universal.
Después de esta introducción histórica, podemos ir al origen del buzeo en Cuba. Aunque se pueden citar antecedentes del buzeo desde la llegada de Colón, que trajo las carabelas llenas de mierditas (espejitos, cascabeles, y otras basuras de allá para cambiar por la basuras de acá) y puso a los indios a buzear en cuanto arroyo o cañada se tropezaba para que le encontrarán pedacitos de oro, el verdadero desarrollo del buzeo en Cuba, como todas nuestras grandes conquistas, no se da sino hasta 1959, con el triunfo de la revolución.

Los dirigentes del gobierno revolucionario eran conscientes de la gran cantidad de basura que habían generado los regímenes burgueses y el colonialismo español, ambos sistemas basados en la producción e intercambio de basura. En las casas de los cubanos, con sus mentes llenas de rezagos burgueses, se acumulaban refrigeradores viejos, muebles llenos de comején, muñecos de yeso, etcétera, etcétera, etcétera. (Normalmente cualquier escritor hubiera puesto etc, etc, etc. Yo escribo la palabra etcétera completa, porque así ocupa más espacio y estiro el cuento).
Y también, los dirigentes revolucionarios sabían que para la joven revolución era una cuestión de supervivencia acabar con los rezagos del pasado, para que con las casas y las mentes higienizadas, pudiera nacer el hombre nuevo, liberado de la basura. Entonces, se debía acabar con toda esa mierda. Por eso, a la altura de los años 70, se inventaron el Plan Tareco.

¿En que consistía el Plan Tareco? Pues que la gente tirara pa la calle la basura burguesa que tenía en la casa. ¿Cuál era la estrategia revolucionaria? Pues que la gente empezará a ver la basura con ojos nuevos. Claro que, (y es que los rezagos del pasado son una cosa muy fuerte), solía pasar eventualmente que usted recogiera de aquella basura algo que quizás con algún arreglito, pudiera serle útil, y si no le servía ahora mismo, quizá le serviría más adelante, porque quién sabe, ¿no?

La dirigencia revolucionaria comprendió que la estrategia no estaba funcionando al cien por ciento pero, con su amplia perspectiva dialéctica de la historia, comprendió también que, si aquello si no serviría para acabar con la mierda, por lo menos contribuiría a removerla, y algo es algo, ¿no?
De todas maneras, esa etapa fue la génesis del Movimiento Nacional de Inventores y Racionalizadores, capaz de hacer maravillas con la mierda. Como diría el camarada Lenin: un paso palante, y tres patrás. Si le hubiera puesto música, le hubiera salido una conga muy bonita, y con los komsomoles bailando conga en la plaza roja, ¿quién hubiera podido tumbar el comunismo?

Volvamos a Cuba. Esa fue la primera etapa del buzeo. La etapa romántica, imbuida del espíritu victorioso de la revolución. ¿Quién puede decir que no fue un buzo integrado en esa época?

Luego pasaron los años, y la revolución fue madurando, se fue acomodando, se fue enfriando el entusiasmo característico de los primeros tiempos. La gente se fue aburguesando, y fue perdiendo el sentido crítico y autocrítico. Fue disminuyendo el hábito de deshacerse de las basuras burguesas. Se fue volviendo conservadora. Se fue quedando con su mierda. Y bueno, con el bloqueo norteamericano, también cada vez había menos mierda que botar. Porque eso sí: donde no entra no sale.

Más, siempre hay una esperanza. Cuando muchos hombres pierden el espíritu buzístico, hay hombres que reúnen en sí el espíritu buzístico de muchos hombres. Entonces los buzos se fueron profesionalizando, especializando. Y el gran auge del buzismo se dio precisamente cuando nadie lo esperaba, cuando todos pensaban que ya eso era cosa del pasado: de pronto el campo socialista, completo, se fue a la basura. En Cuba empezó el periodo especial, y entonces fue el gran momento: muchos hombres, decididos a resistir, se fueron a la mierda. A revolver la mierda, a buscarse la vida en la basura.

(Claro que la dirigencia revolucionaria también dio sus pasos en esa dirección: vaya a las tiendas en pesos y verá cuánta mierda, salida de dios sabe dónde, está a la venta ahí. Y clasificadita: existe, por citar un solo ejemplo, la Ropa Reciclada Primera Especial A. Sin dudas, una idea Bárbara.)

Al presente, se pueden apreciar ya con claridad varios tipos diferentes de buzos.

1- El buzo de playa: esta especie se divide en dos categorías:

a- Buzo de orilla: aparece en las primeras horas de la mañana, y recorre la costa, mirando detenidamente cada granito de arena. Una mirada inexperta podría confundirlo con un amante de las caracolas a la caza de algún bello ejemplar, una piedra pulida, una concha rosácea. Pero no, anda a la caza de alguna moneda caída de los bolsillos de los turistas. Su especialidad es difícil y azarosa, y no es raro que termine convirtiéndose en:

b- Buzo de arena adentro, también conocido como Buzo alternativo: aparece a cualquier hora, es inconfundible. Registra una por una las canecas de basura de la playa, recogiendo latas de cerveza, refresco, y botellas de vidrio. Lo vende todo a la Empresa Municipal de Materias Primas. Algunos investigadores afirman que muchos Buzos alternativos provienen del Movimiento Nacional de Inventores y Racionalizadores.

2- El buzo porcino: es un espécimen de ciudad. Busca en la basura restos de comida, cáscaras de plátano o papas, frutas podridas. Con ello engorda un puerco en el baño de su casa. Por eso buzea. Salvo en épocas muy críticas, consigue lo que busca. En épocas muy críticas, no tiene un puerco en el baño de su casa. Por eso buzea.

3- El buzo común: es un espécimen ordinario. No tiene un puerco en el baño de su casa. Su casa no tiene baño. A veces ni siquiera tiene casa. Buzea por lo que sea: ropa vieja (literalmente hablando, que difícilmente alguien encontrará un plato de ropa vieja en la basura, y menos en la basura de Labana), sobras de comida, frascos vacíos, periódicos viejos. Nadie sabe qué rayos hace con lo que buzea.
Por lo común, un buzo no pasa de una categoría a otra. Eso es lo raro de Yeslandi Mengano. Comenzó de Buzo de orilla en la playa de Santa María. Pero es el primer Buzo de orilla que conozco al cual le dio por criar un puerco, y pasó a ser Buzo porcino.

NUDO
Claro que Yeslandi tenía un problema. Yeslandi Mengano era un palestino. Decidió venir pa Labana, con el sueño de meterse a pinchar en el Contingente Blas Roca Calderío, cuando la Empresa Municipal de la Goma y sus Derivados, donde se dedicaba a la producción de zapatos de plástico y juntas para cafeteras y ollas de presión, cerró sus puertas (en sentido figurado, porque en la realidad ya ni puertas le quedaban) a los quince días de empezado el Período Especial (y ese sí que es Primera Especial A).

Y logró que lo admitieran en el Blas Roca. Lo malo fue que en ese Contingente Yeslandi se encontró con algo inesperado y nunca visto en su larga trayectoria laboral: allí había que trabajar. Y desyerbar bajo el sol aquellos surcos de yuca que iban de aquí a casa de la yuca no era jamón. Y decidió que pa campesino se hubiera quedado en Sagua. Y se buscó otra pincha en la construcción, pero no en un Contingente, no fuera que fuera a caer en el Contingente que construye los pedraplenes, y le tocara tirar piedras desde Batabanó hasta la Isla de la Juventud.

En la construcción le fue mejor. Estaban construyendo un doce plantas. Llevaban doce años construyéndolo. Y, al ritmo a que iban, pasarían otros doce años antes que la dirigencia revolucionaria decidiera que para ese 26 de Julio había que terminar el edificio.

Y Yeslandi, que tenía una concepción temporal diferente a la que ostentaba la dirigencia revolucionaria, aprovechaba su tiempo: con un saquito de cemento por aquí, unos ladrillitos por allá, unas cabillitas de acuyá, se fue haciendo su casita, modesta, con su jardincito, su portalito, su salita, su comedorcito, su cocinita, cinco cuarticos (dos en la plantica baja y tres en la de arribita), cinco bañitos (a uno por cuartico) y una terrazita con su vistica al mar.

Esa fue la primera vista al mar que tuvo Yeslandi, que había nacido en el monte, y no bajó de las lomas sino para coger el tren regular que lo trajo a Labana. De hecho, la primera vez que vio el mar fue porque el atraso de la construcción del doce planta se debía a que tenían todos los materiales, menos arena. Eso frenaba al doce planta, y frenaba la casita de Yeslandi. Y Yeslandi se fue a la playa a buscarse arena fina.
Y cerniendo los dos o tres camioncitos de arena fina, se encontró algunas monedas. Doscientos treinticuatro dólares, en monedas de 25 centavos, de a diez, de a cinco. Un ventiladorcito de techito en cada cuartico, si no se hubiera tomado las doscientas treinticuatro cervezas de latica que se tomó.

De ahí le vino la idea. Terminó la casita (más o menos, le faltó repellar por dentro y por fuera, azulejear los bañitos, conseguir dos lavábamos y tres tazas de inodoro, poner un tanque de agua y en general la instalación hidráulica completa, por eso volvió a la playa, no por arena fina sino ya usted sabe) y se convirtió en buzo de orilla.

Aunque ya la cosa no daba patanto. Que no es lo mismo cernir un camioncito de arenita en el patio de tu casita, que jamarse 27,52 kilómetros de playa, del Mégano al rincón de Guanabo, día por día, bajo el soletazo. No se puso negro en esa vuelta, porque a un pichón de un haitiano no lo pone más negro nada en esta vida.

Ahí se enteró de la existencia de los buzos porcinos, y calculó que, si la gente podía criar un puerco en el baño de su casa, él bien podría criar cinco puerquitos en los cinco bañitos de su casita.

Y mira tú, le iba hasta bien. Y también le iba que hasta le hacía falta ayuda, y le escribió a su primito Yanuary invitándolo a trabajar con él. En cuanto Yanuary recibió la carta recogío todo (el pantalón que le quedaba del servicio militar, las botas de agua de la escuela al campo, ahora convertidas en chancletas, y un pulóver de Vrus Li que no se había estrenado nunca, esperando su primera visita a Labana, y que se había robado cinco años atrás de una tendedera (la de su vecino) y partió.

Cuando Yeslandi lo recogió en la terminal de trenes ya la cría de puerquitos prosperaba, y luchar por los tanques de basura estaba siendo una tarea durísima, con tremendísima competencia, y Yeslandi comenzaba a pensar que la ayuda de Yanuary no sería suficiente, así que se alegró de que su primito bajara del tren acompañado de Yesteldey y Güintel, sus otros primitos. Los abrazó lleno de emoción, y ellos, llenos de emoción, le presentaron a La China (una mulata de ojos como los chinos, pero verdes), La Niña (que tenía 34 años y enseguida fue reconocida como el culo más grande de Labana) y a La Chiquitica (que medía un metro noventidós). Eran sus novias, aunque en un primer momento Yeslandi no supo cuál era la pareja de cual. Y todavía no lo tenía claro tres años después, cuando le empezaron a llegar rumores de que no eran parejas sino tríos, a veces cuartetos, y a veces un sexteto. Pero eso ya son chismes...

Como fue un chisme también aquello de que La China y La Niña eran un compromiso, o lo otro de que La Chiquitica manichaba todo el baro que luchaban Yesteldey y Güintel, de quienes se llegó a decir que eran los mejores chupa-chupa de la Fuente de La India. Pero todo eso son chismes, ya lo dije. Yeslandi nunca los creyó. Además, eran su sangre. Su propia sangre, como la que corrió el día que La China le fue parriba con una cabilla y le partió la cabeza.

¿Por qué la China le rompió la cabeza a Yeslandi? Nadie lo supo. Pero la policía encontró a Yeslandi tirao en la sala, desangrao como un puerco, y también encontró cinco puerquitos desangraitos, uno por cada bañito, y en que cada bañito fueron encontrando también a La Niña, por partes, un poquito por aquí y un poquito por allá, aunque no encontraron la cabeza nunca.

A lo mejor Yeslandi sabía el porqué, pero aunque el no perdió la cabeza, sí perdió la memoria, y más nunca se pudo acordar de que La China lo había cogío dándole por culo a La Niña. No se acordó de eso ni de más nada más nunca, ni de La China, que fue a terminar sus días en Nuevo Amanecer, la cárcel de mujeres (¿no era que la cárcel era para los hombres?).

Ya para entonces Yanuary era miembro de la policía especializada, y se fue de la casa pal cuartel lo más rápido que pudo. Y La Chiquitica siguió viviendo toda la vida a costilla de Güintel y Yesteldey, que se quedaron con la casita y tuvieron el dúo de travestis más famoso de Labana.
Y aquí el cuento se podía acabar, pero todavía no he contao lo principal, que entre la muela del buzeo y el chisme de los orientales he metío como nueve páginas de desvío... pero na, está entretenía la cosa ¿eh?

Bueno, la cosa fue que Yeslandi con el cabillazo perdió la memoria. ¿Y quién no? ¡Si fue tremendo cabillazo, con ganas, como pa jon-ron! Se quedó en blanco. Y se quedó en la calle. Porque el cabillazo tuvo efectos secundarios. Sí, fue un cabillazo contagioso. Cuando Güintel y Yesteldey supieron que Yeslandi había perdido la memoria, pues del tiro la perdieron ellos también y no se acordaron de Yeslandi nunca más.
Pero pa que se vea como son las cosas, lo único que no se le olvidó a Yeslandi fue el buzeo. Por suerte, que si no, qué hubiera hecho de su vida. Así que salió directo del hospital pal Bulevar de San Rafael, a buzearse los tanques desde Galiano hasta el Parque Central, día por día, hasta el día que luego de buzearse los basureros del Bulevar, consiguiendo un cinto de cuero sin hebilla, una gorra de los Yanquis de Niu Yol manchada de rojo y un tenis Nike casi nuevo del pie izquierdo, cogió pa Obispo pensando en qué cojo sin pie derecho le daría cinco pesos por el Nike y vio, en el piso, entre las mesas al pasar frente al Nautilus, una billetera.

Miró a todos lados antes de atreverse a recogerla. Y luego miró a la billetera, no fuera que estuviera atada a un hilo de pescar, que terminara en las manos de algún chama jodedor que en la otra acera estaría esperando que él se agachara y estirara la mano para dar un haloncito, y la billetera se moviera medio metro, y él pondría cara de qué coño eseto y el chama en la acera de enfrente se cagaría de la risa, y el barrio entero escondido tras las persianas, echándose el pley, se reiría de él.

Era como la séptima billetera que encontraba. La primera la encontró en la Manzana de Gómez, con un carné de medico, la foto de una rubia gordita con granos en la cara, y un billete de veinte pesos que le resolvió el almuerzo de aquel día. La segunda y la tercera tenían su hilo y su chama en la otra punta. La cuarta le dio miedo primero, y rabia después, porque no traía más que un billete de tres pesos, con el che estrujado y sucio, y un carnet de policía a nombre de Estéreo Seguro, que conocería en la estación de Zanja a donde fue a devolver aquella mierda. Fue una buena jugada, porque desde entonces el suboficial Estéreo Seguro le ha tirado tremendos cabos más de una vez.

La quinta y la sexta las encontró el mismo día, frente a la estatua de Martí en el Parque Central, una a las diez de la mañana y la otra a las cuatro de la tarde, y de ninguna de las dos se quisiera acordar. La de las diez de la mañana se veía abultada, y como nuevecita, y se alejaría despacito de sus manos por tres veces seguidas cada vez que la intentara coger, hasta que al tercer intento y corrimiento billeteril la pila de negros vagos y discutidores de pelota a un costao de la estatua de Martí no pudieron más y se empezaron a reír y a darle chucho. Con la otra billetera, lo mismo. Quizá, con seis horas de diferencia, la quinta y la sexta serían una las dos.

Pero esta vez no había hilo, ni chama en la acera de enfrente ni en toda la cuadra, y la gente estaba cada quien puesto pa lo suyo, mirando por la ventana medio cerrada al patio de los bajos donde la vecina estaría mamándosela al carnicero mientras su marido compra dólares en la calle Reina, y los viejitos que ya hubieran regresado de comprar el periódico mirarían medio dormidos un documental sobre la reproducción de los pingüinos en la televisión educativa, y los que tuvieran trabajo estarían haciendo como que trabajaban.

Así que, con los cojones en la garganta, se agachó a recogerla, y la billetera, mansita, se dejó coger, y al abrirla volvió a pensar que su vida era una mierda porque a los tres primeros billetes de a dólar que sacaría se les veía a la legua que eran falsos, y al ver la pareja de policías especiales acercándosele trataría de desenredarse la existencia entregando la billetera a los agentes y diciéndoles miren lo que me acabo de encontrar.

Dos policías especiales, a media mañana, sudando la gota gorda bajo sus boinas de lana gruesa, aburridos, a la espera de la hora de almuerzo pa comerse el arroz con chícharos y el picadillo de pasta de masa cárnica texturizada y enriquecida (¿te acuerdas lo que te decía de la Ropa de Reciclada Primera Especial A? Pues este es otro logro de la revolución, pero en versión alimenticia) pueden ser un peligro para cualquiera. Para Yeslandi, a quien le tenían ganas desde hace mucho... pues mucho peor aun... y si lo han cogío con una billetera que tiene tres billetes de a dólar falsos, peor... y más peor todavía si cuando la siguen revisando descubren un pasaporte a nombre de Piero Cosapicola, un tiquete para el vuelo de Air France de las diecisiete horas, y otros mil quinientos dólares de verdad, en billetes de a veinte, de a cincuenta y de a cien... ¡¡¡candela!!! ¡¡¡Se folma la que se folma!!!

Una mano lo coge por la mano, otra mano lo coge por el cuello, otra mano lo coge por una pata, otra mano lo coge por la cervical, otra mano lo coge por las pasas, otra mano lo coge por un ojo, otra mano lo coge por las costillas, otra mano lo coge por la nariz, otra mano lo coge por la bemba y así sucesivamente... Con una llave de judo (también Primera Espacial A), lo meten contra la pared, y lo registran por dentro y por fuera. Le sacan de los bolsillos dos medias de hombre (una blanca y otra amarilla), un pañuelo de mujer, cuatro cabos de cigarro, una caja de fósforos, un abridor de latas, cinco botellas de cervezas vacías, una cuchara, un jarrito de escuela al campo, un espejo retrovisor de lada roto, un forro de catre, un metro con setenta y cinco centímetros de cable de antena de televisor ruso, y una tarjeta de teléfono sin fondo.
Y en dos minutos el ciudadano Yeslandi Mengano Urrutia (de nacionalidad Cubano, con número de identidad permanente 67021400345, nacido en Sagua de Tánamo, Holguín, y residente ilegal en Ciudad de La Habana) va camino de la unidad de policía de Dragones, y en tres minutos está frente al oficial de guardia, con cara de yo no fui.

Cuatro horas después Yeslandi siente que el mundo comienza a coger color cuando le abren la puerta del calabozo, y allí aparece el rostro aindiao de Estéreo Seguro, su socio policía. Estéreo Seguro, suboficial de primera (¿Primera Especial A?) tiene cara de que ya se comió el picadillo de pasta de masa cárnica texturizada y enriquecida, con los chícharos y el arroz. Y está ostinao. Y tiene sueño. Y le pregunta:
–¿Qué pinga tú hacías con esa billetera?

Contestarle a esa hora a un policía “na, me la encontré tirá por ahí”, después que aquel acaba de meterse media libra de picadillo de pasta de masa cárnica texturizada y enriquecida, aunque el policía sea medio socio tuyo, puede ser un suicidio. Puedes acabar siendo tu propio picadillo de pasta de masa cárnica texturizada y enriquecida. Yeslandi, que lo sabe, en vez de contestarle, mira pal piso.
–Vaya, escapaste porque la entregaste tú mismo...

Y mira tú, sacan a Yeslandi del calabozo, le devuelven todas sus porquerías (menos el jarrito de escuela al campo y la cuchara, pero él ni se lo recuerda al sargento que se las entrega, aunque cree verlos encima de un archivo) y vuelve a la calle, cagándose en su madre, y en la puta de la madre del hijoeputa que botó la billetera aquella con los tres dólares falsos de más...
Y si el cuento se acabara aquí, sería una mierda.

DESENLACE

Por eso, a la mañana siguiente, cuando Yeslandi coja de nuevo por el bullevar, se va a encontrar a Estéreo Seguro, esperándolo con cara de te estaba esperando.

Estéreo no le dice nada. Solo abre la puerta del patrullero, y le señala que suba. Yeslandi, que a estas alturas ya le da lo mismo ocho que treinta y nueve, se sienta en el patrullero sin protestar, y ve como regresan otra vez a la estación de Dragones.

Y antes de bajarse, sospecha que la cosa está en llamas: hay como cinco fotógrafos, una cámara de televisión, y una pila de periodistas con grabadora esperando por él. Aquello huele a Tribuna Abierta de la Revolución con Mesa Redonda Informativa.

¡¡¡De pinga!!! –piensa Yeslandi– ¿en que lío me habré metío ahora?

Estéreo baja del patrullero antes que él, se estira el uniforme, y luego le abre la puerta y lo invita a bajar. Cuando empiezan a tirarle fotos, y le acercan la cámara de televisión, Yeslandi mete mano a gritar:

–¡¡¡Compañeros, esto es un error, yo no fui, lo juro por la pura!!!

Estéreo lo mira serio, y le da un codazo disimulado en el estómago que le saca el aire y le corta la voz... pero lo que le acaba de vaciar los pulmones es el montón de pioneros que entonces ve, en dos filitas, saludándolo con sus pañoletas rojas y banderitas cubanas, y una pila de gorditos con guayaberas y gordas de pelo teñido color soga de tendera con tres años de sol y sereno y pañuelos enrollados al cuello, sonrientes, detrás...

–Andando...

Le ordena Estéreo, señalándole el camino entre las dos filas de pioneros.
Entonces, mientras pasa entre los pioneritos, Yeslandi escucha:

–Un, dos, tres, probando... ¿se oye? Compañeros, compatriotas, cubanos: es la hora de gritar revolución y es la hora de tomarnos de las manos...
Los pioneritos, al escuchar los ruidos que salen del altavoz, se llenan de emoción y se toman las manos alzadas, y agitan más fuerte banderitas y pañoletas...

Y el altavoz continúa:
–...porque este compañero, un humilde representante de nuestra clase trabajadora, un anónimo cubano digno y ejemplar, acaba de dar una lección de honor y de gloria al podrido mundo capitalista, al demostrar que la dignidad y el decoro pueden más que todo el oro del mundo...
Aquí, gritos de entusiasmo de los pioneritos, y más banderas, y aplausos...

–¡Que se alcen esas banderas, para demostrarle al mundo de lo que es capaz un pueblo que ha conquistado para sí los más altos valores morales, un pueblo con una alta cuota de desprendimiento, un pueblo, en fin, que es el más culto del mundo!

Cuando Yeslandi llega a la tribuna, el altavoz se calla y se seca el bigote. Inmediatamente, el más gordo de los de guayabera avanza y coloca en el pecho de Yeslandi la medalla de Cederista Vanguardia por la Emulación Socialista, lo felicita, y lo abraza. Enseguida, todos los otros de guayabera vienen hasta él y lo abrazan, y las gordas de pelo teñido y pañuelos enrollados en el cuello lo besan.
El último que lo abraza es un yuma de Italia, gordo pero sin guayabera, que le dice emocionado:

–Ti sei veramente un huome...

(o algo así más o menos, que Yeslandi no entiende ni una palabra de yuma, y eso es lo que recuerda)

Después montan a Yeslandi en un carro (no es un patrullero esta vez) y una larga caravana los sigue. A su lado va Piero Cosapicola, quien le agradece una y otra vez a Yeslandi su gesto. En Yuma. Y Yeslandi sigue botao como un perro chino. Hasta que el yuma italiano saca la billetera, la muestra a Yeslandi, y lo abraza otra vez. Aquí Yeslandi comienza a entender el rollo.

–¿Tú eres el hijoeputa coño e tu madre que botó la billetera con los tres dólares falsos?

–Certo, e un filo de la putana quel chi a trovato robar la mía bolsa...

–¡Robar qué pinga, so singao, yo me la encontré en la calle! –contesta Yeslandi, a punto de explotar como una cafetera...

–Veramente, tu sei un huome vero, honesto, ma no un ladrone...

–¿Ladrón, y devolví milipico de fulas? Yo lo que soy un imbécil...

Yeslandi está a punto de irse del parque...

–Certo, un imbecile, cualquno que pensa mancillare este pupolo maravilloso, e un stronzo...

–¡¿Trozo de qué, si te la devolví completa?!

–¡E un cotrarevolucionista!

Ya. Yeslandi se va del parque. Se va. Se va de jon ron. ¡Suávana! ¡Qué gaznatón, galleta, galúa, trompa por tronco de la oreja le mete Yeslandi al Yuma. El carro frena en seco... Yeslandi no pierde un segundo. Abre la puerta y se manda a correr. Cruza por Zanja sin mirar pa ningún lao, tumba por Belascoaín pabajo, hasta San Rafael, y enfila pal Bulevar, donde tiene que frenar en seco porque a lo lejos ve de nuevo a la pareja de policías especiales (Primera Especial A).

Ubica con la vista un tanque de basura y le parte pa encima. La pareja Primera Especial A viene despacio en su dirección. Yeslandi comienza a hacerse el loco, registrando la basura. Uno de los especiales saca el boquixtoquix, y habla mirando a Yeslandi. Yeslandi saca del tanque una bolsa de nailon llena de arroz congrí. El especial guarda el boquixtoquix. Yeslandi saca un pedazo de periódico con la foto de un yuma que regaló un dinero a un círculo infantil. Los especiales caminan hacía Yeslandi. Yeslandi saca una caja de zapatos. Los especiales ya junto a él, lo miran y le sonríen. Yeslandi saca un timón de bicicleta china. Los especiales siguen de largo. Yeslandi mete en el tanque el timón de bicicleta china oxidao, la caja de zapatos vacía, el pedazo de periódico con la foto del yuma regalón y el nailon llenito de congrí podrío, seguro de que ya nunca en su vida va a volver a buzear.

Escapé como Skipi, piensa Yeslandi, y revisa su bolsillo. Allí en efecto está la billetera. Pero está vacía.


vilmaris
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#21 RE:Für alle, die es leid sind, triviale kub. Lit. wie des regimetreuen Padura..
31.10.2004 23:24

@ Ceres

In Antwort auf:
Meine Bemerkung über die kubanischen Schriftsteller war mehr allgemeiner Natur. Es ist schon erstaunlich was für eine reichhaltige Kultur diese kleine Insel zu bieten hat.

Reichhaltige Kultur? LOL! Leider hat sich gerade durch die vielfältigen und lächerlichen politischen Vorgaben eine sehr eindimensionale Literatur herausgebildet. All diejenigen die mutig vom Schema abgewichen sind, sind ausgewandert oder wurden zur Bedeutungslosigkeit verurteilt. Gutiérrez ist z.B. in Kuba völlig unbekannt.

Erst Touristen haben seine Tabu-Bücher in Kuba selbst bekannt gemacht.

Leider hat Kuba vor allem das voyeuristische Interesse vieler Nicht-Leser entfacht. Immerhin konnten die schockierenden Enthüllungen von Valdéz, Gutiérrez oder Chaviano die Verhältnisse in Kuba blossstellen. Grosse Literatur ist das aber noch nicht.

Bezeichnend ist, dass die meisten ausländischen Leser die Standardwerke der kubanischen Literatur von Lima, Baquero oder Cabrera Infante gar nicht mehr kennen, weil die Erinnerung an die nicht-revolutionären kubanischen Schriftsteller in der allgemeinen linken Revolutionsbegeisterung der vergangenen Jahzehnte völlig ausgelöscht wurde.

Wer Padura als Ernst zu nehmenden Literaten bezeichnet, dem ist wirklich nicht mehr zu helfen. Leider taugt er auch nicht ansatzweise, den kubanischen Alltag zu verstehen oder die Hintergründe der gegenwärtigen Misere zu verstehen. (abgesehen von seinen deutlichen technischen Mängeln und der mangelnden Spannung seiner Erzählungen)


el loco alemán
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#22 RE:Für alle, die es leid sind, triviale kub. Lit. wie des regimetreuen Padura..
31.10.2004 23:36

In Antwort auf:
du wirst doch nicht etwa der Literaturkritiker Marcel Reich-Ranicky höchstpersönlich sein??
Und verbandelt mit Elfriede Jelinek, dann bedarf es keiner weiterer Fragen......
e-l-a

ich
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#23 RE:Für alle, die es leid sind, triviale kub. Lit. wie des regimetreuen Padura..
01.11.2004 00:05

In Antwort auf:
keiner weiterer Fragen...

Hehe! Deswegen hast Du ihn also nicht nach der Bedeutung von LOL gefragt.

Oder hast Du Dir die Frage gespart, weil er schon die Frage nach seinem ersten/letzten Kubaaufenthalt nicht beantwortet hat?

Kurz mal nachhakende Grüße,

Stephan

Chris
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#24 RE:Für alle, die es leid sind, triviale kub. Lit. wie des regimetreuen Padura..
01.11.2004 00:13

@ich/Stephan

In Antwort auf:
weil er schon die Frage nach seinem ersten/letzten Kubaaufenthalt nicht beantwortet hat

Vilmaris scheint ein Theoretiker zu sein, der die Insel wohl leider nur vom Hörensagen kennt. Schade eigentlich.
Vielleicht würde ein Aufenthalt dort ja vielleicht seinen doch recht eingeschränkten Horizont - zumindest was Cuba betrifft - etwas erweitern.

nicht weiter nachhakende Grüße
Chris

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#25 RE:Für alle, die es leid sind, triviale kub. Lit. wie des regimetreuen Padura..
01.11.2004 00:42

In Antwort auf:
Viele Kubaner kennen den Namen gar nicht, was mich immer wieder verblüfft.
Für die Intellektuellen hingegen ist er ein Gott.

Die Regierung fand es nicht gut,dass er Homosexull wäre,Er wurde als der Moderne Jose Marti genannt,Virgilio Pinera war auch ein Hm ,deswegen total insoliert

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