ROMPER EL SILENCIO

15.01.2007 18:47 (zuletzt bearbeitet: 15.01.2007 18:48)
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#1 ROMPER EL SILENCIO
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Rey/Reina del Foro
LA JUSTA IRA que ha provocado entre los intelectuales cubanos la reaparición en la televisión estatal de tres nefastos censores de la cultura en la isla tiene hasta el momento dos tendencias bien definidas.
Quienes viven en Cuba han respondido con alarma, en un intenso intercambio de correos electrónicos donde algunos intentan promover que se exija al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) una disculpa pública. Al parecer varios se han reunido con el ministro de Cultura y al repudio de lo ocurrido se han unido unas pocas figuras importantes de la cultura, que por lo general optan por la discreción o prefieren acatar antes que destacarse con una posición disidente.
Pero en cualquier caso, su irritación está dirigida hacia los tres ex funcionarios y el momento específico en que éstos ejercieron el poder.
Por el contrario, los escritores exiliados han realizado un análisis más amplio de la situación, destacando no sólo los males del paso sino las causas que los propiciaron y la permanencia actual de los mismo factores que hicieron posible la humillación y la censura. Quedan al margen una o dos opiniones emitidas desde el exterior, pero que son apenas ecos de lo dicho en Cuba.
La otra diferencia fundamental, hasta el momento de escribir este comentario, tiene que ver con la divulgación de lo ocurrido. Mientras en la isla los escritores se han visto limitados al cuchicheo de los email, quienes viven fuera han podido divulgar sus puntos de vista, fundamentalmente en el periódico digital Encuentro en la Red.

La lucidez demostrada por los intelectuales exiliados tiene un precio: se les lee, pero al mismo tiempo saben que poco o nada podrán influir sobre los acontecimientos. La libertad, en este caso, no está acompañada de una capacidad para presionar sobre la situación.
En resumidas cuentas, la ira sola no explica la reacción de quienes viven en Cuba. El temor de que esta especie de reivindicación de los ejecutores de algunas de las peores medidas de la política cultural del proceso revolucionario sea el preámbulo de una vuelta al pasado ha sido un detonante mayor, para que se alcen las voces de protesta, incluso más que la indignación de varias de la víctimas o la solidaridad de quienes no vivieron la época pero la conocen de referencia.

Este miedo no existe en el exilio, aunque sí la preocupación por el destino de la cultura nacional. Ningún escritor residente en el exterior teme ahora el ser despedido por sus preferencias sexuales, detenido por una novela o un poema “contrarrevolucionarios”, no hay músico o pintor que sienta la angustia de ser interrogado por su manera de vestir o sus gustos.
Si no existiera un vínculo tan fuerte entre los se crea en Cuba y en el exilio, quienes vivimos fuera de la isla podríamos considerar que lo que ha promovido tanta indignación entre los intelectuales residentes en la isla es parte del pasado, hasta cierto punto ajeno.
Dos problemas fundamentales aún afectan a los quienes escriben, pintan, cantan o componen en Cuba. Uno es la dependencia del Estado. Hasta que esta situación no se supere, no podrán librarse de un hecho tan simple como la presencia de un censor en un programa de televisión. Creo que en este sentido, Rosa Ileana Boudet ha sido quien lo ha expresado con mayor agudeza: “sólo cuando esa documentación y testimonio [sobre lo ocurrido en el llamado “quinquenio gris o negro”] circule en libertad, nos importará bien poco que alguien tenga su pedacito de gloria en la televisión en un programa de mal gusto”.

Es decir, sólo cuando exista la posibilidad de una prensa y una televisión que no dependan exclusivamente del Estado.
Si bien es justo pedir una disculpa pública, resulta patético el tener que acudir a un ministro para ser escuchado.
El segundo problema de los intelectuales residentes en la isla es su pecado original de guardar silencio o hablar demasiado en momentos en que la situación les exigía mayor decoro. Jorge Luis Arcos lo ha expresado muy bien en su artículo, cuyo título enuncia el error de buena parte la intelectualidad cubana: Peor que olvidar el pasado es tener amnesia del presente.
Refiriéndose a quienes ahora intercambian mensajes electrónicos, dice Arcos: “Tienen, pues, un civismo relativo, selectivo, pragmático, oportunista o conservador.

Tienen miedo, en definitiva. Y no está mal que lo tengan, pues todos lo tenemos, pero sí que lo esgriman solamente cuando ven la posibilidad de ser ellos afectados nuevamente más de lo que lo han estado siempre”.
Sin embargo, la lucidez que dolorosamente da el exilio no debe impedirnos colocarnos junto a los que ahora protestan en Cuba. Aunque sea una protesta no In medias res publicas, sino de medias tintas. Al menos que en esta ocasión el miedo sirva para romper el silencio.

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Nos vemos
Dirk
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