Execrable Zoe Valdés Jacques-François Bonaldi Cubarte
Vacilé en escribirle en español (¿no es esta la lengua que habla este horrible Castro y quizás usted ha decidido por esto mismo no utilizarla más? ), pero después de la profesión de fe estruendosa que usted acaba de hacer al Sr. Sarkozy, sería mal visto de mi parte no expresarme en francés.
Por más que ser una emigrada (no una "exiliada" ni tampoco una "refugiada", status a los cuales usted no puede pretender),    existe, a pesar de todo, límites a la ignorancia de las costumbres de la sociedad que nos adopta; felicitar de buenas a primeras al "primer poli de Francia" por su "obra de saneamiento de la delincuencia" cuando se sabe lo que implica en un gobierno como el que está en el Hexágono, es algo que pocas personas se arriesgarían en una carta pública. No se puede decir que usted entraría por el buen lado de la sociedad francesa: presentarse casi como un soplón ante un Ministro del Interior no es desconocimiento, es vicio. 
Y, al instinto de todos los emigrados buscando hacerse aceptar, de todos los neófitos, usted le añade demasiado. Vuestras alabanzas a Francia, a su cultura, a su libertad y toda esa palabrería están un poco pasados de moda   ¿no lo cree usted? ¿una vez más, defasaje de emigrada? "En Francia, yo he aprendido que es la libertad" esto pudiera ser un bello título en el estilo del famoso "yo he escogido la libertad", lo que nos gustaba mucho en los bellos años de la guerra fría"
El quid, con ustedes como con todos vuestros congéneres contra-revolucionarios (en el sentido literal de: contra la revolución), es que ustedes no tienen el sentido de los límites y que la verdad da un golpe serio en el ala .
Vuestra misma descripción, tan falseada, formando parte de: "esas numerosas familias cubanas viviendo en Francia que hemos abandonado nuestra patria perseguidas por el terror"  no se corresponden exactamente a lo que nosotros sabemos aquí de lo que ha sido vuestra vida en La Habana; ¿qué terror ha sufrido usted? ¿puede decírmelo?. Entonces, vaya a contarle a otros vuestras pamplinas, Sra. Valdés.
Y después,"el terror inoculado en lo más profundo de nuestro pensamiento, de nuestro comportamiento, la manipulación de nuestros cerebros que es la más terrible de las torturas castristas". Usted no encuentra que esto es un poco manido, que vuestro "lenguaje de cañería" está un poco anticuado. 
Hubiéramos engullido eso en los años 50, pero en el 2004, en la época de internet y de las comunicaciones instantáneas, pero eso ya no pasa más. ¡Usted difiere furiosamente! Sí, como todos los contra-revolucionarios cubanos (porque me niego a calificarlos con el término fácil de anticastristas ya que no es a Castro a quien ustedes odian sino a la Revolución con todo lo que ella representa) ustedes no tienen sentido de la medida.
Tenga, yo acabo de concluir una carta abierta a Serge Raffy a propósito de su inmundo tarugo"y bien él como usted y usted como él toman a la gente por tontos y vuestras protestas caen en el vacío. La misma administración Bush (y solo Dios sabe que ella tiene el odio a la Revolución Cubana enclavado en el alma) no se arriesgaría a decir como ustedes lo hacen sin vacilar "que los crímenes del castrismo, las desapariciones del castrismo durante cuarenta y cinco años, totalizan infinitamente más que los crímenes de Pinochet y de Stroessner, antiguos dictadores de Chile y de Paraguay" Usted puede estar segura, Sra. Valdés, que si esto fuera cierto, el Departamento de Estado no dejaría escapar una ocasión semejante. 
Y es justamente por qué, salvo los convencidos de antemano, los Estados Unidos tienen tantos problemas para hacer pasar su resolución contra Cuba en la Comisión de los Derechos Humanos en Ginebra.
Usted vive en el terror en París, nos dice. Decididamente, el mundo no es más tolerable para las "personalidades", y usted nos cuenta sin ambages vuestras angustias parisinas, "estas manos fantasmas que han descompuesto vuestro auto en seis ocasiones, un misterioso incendio" en el sótano de vuestro edificio de los opositores cubanos, .. bruscamente empujada por manos anónimas en el momento en que la multitud de autos que arrancan con la luz verde. Aquí, una vez más usted abusa Sra. Valdés, deje eso para vuestras (malas)  novelas. 
En cuarenta y cinco años de "dictadura castrista" jamás ningún opositor ha sido muerto en circunstancias misteriosas en ningún lugar del mundo. Si usted es honesta, déme un solo nombre. No que los servicios secretos cubanos no serían capaces, cuando han dado la prueba de que ellos están excelentemente formados, sino porque ese no es el estilo de la casa. Jamás la Revolución Cubana ha recurrido al asesinato contra sus opositores. Y si a usted le queda todavía un poquito de decencia, usted sabe en vuestro fuero interno que esto es verdad.
Castro no es Pinochet, y jamás ha organizado "Legión Condor",  ni comandado crímenes como los que fueron víctimas, entre otros, Lettelier en los Estados Unidos o el general Prats en Argentina o aún este antiguo dirigente de la democracia cristiana cuyo nombre se me escapa ahora (Bernardo Leighton me parece) en Italia. Y usted miente si dice lo contrario.
A cambio, yo puedo citarle decenas de víctimas de atentados y de crímenes cometidos por vuestros amigos de Miami, desde los asesinatos de los diplomáticos en los EU o en Argentina, Portugal, Jamaica y en otros lugares, sin hablar de los setenta y tres muertos en el sabotaje de un avión cubano en pleno vuelo al despegar de Barbados, en octubre de 1976 .
Usted sabe mejor que nadie que usted no sería nunca esta víctima que anuncia de la "dictadura castrista". Si Fidel tuviera la costumbre que usted le da y si él decidiera recurrir a los métodos de Pinochet o de Sharon o de la CIA, él no comenzaría seguramente por usted. Aparte de vuestras griterías de fuertes decibeles, usted es apenas molesta y vuestros chillidos de pequeña gozque solo hacen daños a los tímpanos del pequeño grupo de anticastristas patentados (yo diría: de empleo) que han establecido su cuartel general en París y se reúnen periódicamente. Habría otras prioridades en la lista, mal que le pese a vuestro obeso ego. 
Pero basta de bromas, he ahí, pues, usted viviendo en el "terror" en el bello reino de la libertad y le pide al Primer Poli de la acogedora Francia hacer algo contra "los criminales que ejercen como diplomáticos en la sede cubana y quienes bajo la cobertura de la inmunidad diplomática, ejercen el terror en las calles parisinas".   Nada mal para una pequeña emigrada (ni exiliada, ni refugiada, lo repito) que paga sabiamente sus impuestos. ¡El terror en las calles parisinas! Pare vuestra carroza Zoe Valdés, a ese paso se arriesga a morir más rápido de ridículo que de una bala de un matón castrista. 
Solamente, ahí está, la palabra terror que está de moda. Un excelente pretexto "bushien" como todos saben. ¿Qué dilema para el Sr. Sarkozy? ¿Debería él bombardear la embajada de la calle Prestes para acabar con estos desagradables diplomáticos castristas que acosan salvajemente en las calles de la capital a esos pobres corderos emigrados, acompañados por su pastor Bob Menard?.
Entonces, un pequeño consejo: coordine las cosas con él (con Sarko quiero decir) porque sino se arriesga a que les caigan las bombas justo en el momento en que ustedes hacen sus manifestaciones, diez o veinte a distancia prudente de la embajada cubana. ¿O deberá él tomar, en fin, medidas para hacer cesar todas vuestras provocaciones y agresiones contra la misión diplomática y las dependencias de un gobierno con el cual el suyo tiene relaciones normales? 
Hubo un tiempo en que en Francia se acogían exiliados y refugiados verdaderos "huyendo de las dictaduras chilena, brasileña, uruguaya y tantas otras" verdaderas estas, instaladas, hay que recordarle, bajo el apadrinamiento de un gobierno que a usted le interesa mucho. Esta época está felizmente caduca. 
Pero como según Marx (perdóneme por mencionar este nombre execrable) la historia se repite bajo forma de comedia o de caricatura, los "nuevos emigrados" son más papistas que el Papa y más Sarkozianos que el mismo Sarkozy. 
Si Francia tenía antiguamente alguna cosa que ganar con aquellos que venían buscando una tierra de asilo, entre otros, escritores y artistas, yo absolutamente no comprendo su interés de ver instalarse en su suelo gente de vuestra calaña Sra. Valdés. Pero esto, bien entendido, es una señal de los tiempos.
Antes los verdaderos exiliados eran de izquierda y de extrema izquierda, hoy los falsos son de derecha y de extrema derecha. El patio estaba, no obstante, ya lleno y como en la tumba de Brassens, "Se tendrán que apretar".  
De todas formas, me pregunto si usted no es un poco masoquista, querer hacer caer la "dictadura castrista", esto es serruchar la rama sobre la cual está sentada. A suponer que usted lo lograra un día (bromeo por supuesto) se encontraría desempleada pues no vaya a creer que los pequeños éxitos de librería que obtiene son debido a vuestro talento de escritora. Hubo un tiempo donde la NRF Gallimard, cuyo rigor literario era famoso, no hubiera jamás publicado vuestras novelas de andén.  
En este mundo que ha girado en seco a la derecha, usted responde a la espera de un cierto palmo de la inteligencia y del mundo político y de los medios franceses contemporáneos. El día que no hubiera más "dictadura castrista" vuestro nombre se ensombrecería en el olvido por completo.  
Sea lo que sea, si quisiera ser un poco más útil a la sociedad tan maravillosamente idílica que ha escogido y que nos pinta, pudiera buscar otro empleo un poco más digno que aquel de anticastrista que, nueva señal de los tiempos, si este fuera censado, sería seguramente parte de aquellos que los economistas llaman los "empleos informales.". 
Jacques-François Bonaldi La Havane ---------------------
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