Pasajes para no viajar-Aumento de precios de vuelos

23.03.2007 13:18
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Pasajes para no viajar
La subida de precios en los transportes interprovinciales pone a los cubanos a vivir a distancias inalcanzables.

Federico Fornés, Ciudad de La Habana

viernes 23 de marzo de 2007 6:00:00


Oficina de venta de pasajes de Cubana de Aviación, en La Habana. (EER)
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Dolores Griñán se lleva las manos a la cabeza. Ya no podrá viajar a su natal Santiago de Cuba este verano. De la noche a la mañana, los 900 kilómetros que la separan se han convertido en el infinito.

Una nueva tarifa para vuelos nacionales, que multiplica el precio de los pasajes hasta en un 300 por ciento, ha tronchado las necesidades familiares de unos y malogrado las vacaciones de otros. La medida entró en vigor este 15 de marzo.

"Los nietos serán hombres y tendrán que venir a verme aquí", dice esta operadora de una línea de cosméticos.

Acostumbrada a visitar a sus hijas cada dos años, el viaje por carretera le era sumamente incómodo para su salud. Es diabética y prefiere el avión. "¿Adónde piensan llegar?", se pregunta en tono de lamento.

"Al final, los que resuelven son los mismos: los que tienen dinero", agrega y se lleva resignada la mano a la barbilla.

La señora Griñán comprende que los costos de la energía también están por las nubes, pero se pregunta por qué el Estado compite con la inflación callejera en el terreno del transporte y en casi todo lo demás.

Si antes los cubanos apenas se veían las caras, a partir de ahora comenzarán a olvidarse. La fecha marca un antes y un después. Para muchos, una raya roja en sus economías.

La bolsa y la vida

Pedro Juan es un barbero que tiene un hermano en Chile y otro en la provincia de Las Tunas. En cinco años ha visto dos veces al primero y una sola vez al segundo.

"Cortando pelo no da el billete para viajar allá. Hay que ir en carro. No hay guaguas que entren. El de Chile, que está casado con una pintora, quiere venir el año que viene y viajar juntos a ver al mayor, que nunca salió de su ranchito", adelanta con esperanza.

Chile está a unos 8.000 kilómetros de Cuba. De La Habana a Las Tunas se interpone una distancia 13 veces inferior.

Los boletos rompieron los pronósticos más pesimistas. En algunos casos, como el que cubre la ruta aérea La Habana-Santiago de Cuba, la de mayor tráfico, han sido espoleados por un incremento espectacular: de 90 pesos en el pasado a los actuales 220. Con treinta más, se trepa al salario promedio de la Isla.

Sin embargo, la ruta no llega a ser la más cara. Para llegar a Baracoa, la ciudad primada de Cuba, fundada por el conquistador Diego Velásquez en 1511, habrá que desembolsar 270 pesos desde la capital. Un regreso por igual vía sumaría el salario mensual de un médico.

"Adiós Baracoa de mi vida", dice al parecer un oriundo del lugar que pasa y mira la esquela con las nuevas tarifas. El papel, pegado a los cristales de la oficina de reservaciones de Cubana de Aviación, baila al viento.

Nueva Gerona es uno de los destinos más cercanos de La Habana. Está a 90 kilómetros al sur. Antes se viajaba a la capital de la Isla de la Juventud por 22 pesos. Ahora por 65, casi un 300 por ciento flecha arriba. Se puede llegar por mar: 57 pesos y listo.

Las nuevas tarifas aéreas se suman a las ya encarecidas terrestres. No fue una sorpresa.

"Se impone ineludiblemente la revisión de las tarifas, dado que el elevado costo del combustible y los equipos haría totalmente imposible prestar este servicio con los precios históricos", dijo Fidel Castro el 26 de julio de 2005.

En febrero de 2006 reiteró sus ideas al respecto durante la entrega de los primeros 200 ómnibus Yutong, de fabricación china, paraísos rodantes para el estándar cubano.

Para esa fecha, el gobierno contrató en el gigante asiático mil ómnibus modernos para transporte a distancia, con motores "altamente eficientes" en el uso del combustible.

Según el propio Castro, se calculaba que el pasado año tales equipos transportarían casi tres millones más de pasajeros que lo previsto. Las estadísticas no han sido publicadas.

"Los precios de los pasajes aumentarán, pues los actuales resultan prácticamente gratuitos si se comparan con los costos del servicio; no obstante el aumento previsto, serán entre siete y ocho veces más baratos que los cobrados por los particulares", explicó entonces el gobernante.

Las intenciones oficiales eran espantar de la competencia a esos kulaks motorizados. La realidad dispuso otra cosa.

La proeza de viajar

Apostados en las calles aledañas a la terminal de ómnibus de La Habana, los choferes privados vocean sus itinerarios y hacen su agosto.

Chevrolets, Peugeots, Ladas, Toyotas, Moskvichs, algunos con aire acondicionado, otros no. El cosmopolita parque automotor de la Isla está disponible para quien tenga una poderosa billetera.

Un viaje al balneario de Varadero, a unos 135 kilómetros al este de la capital, sale por diez convertibles, mientras que si el destino es Cienfuegos, en el centro, la tarifa sube a 15 CUC. Y si lo que se quiere es llegar a Santiago de Cuba, entonces habrá que pagar sesenta convertibles. Cada CUC, la moneda supuestamente respaldada por divisas extranjeras, se cotiza en 24 pesos. El regateo puede no ser exitoso.

Los boletos oficiales para Varadero se adquieren por 27 pesos, casi cuatro veces más que las tarifas antiguas; Cienfuegos pasó de 14 a 54 pesos, y Santiago, de 42 a 169 pesos. De acuerdo con el gobierno, tales pasajes están subsidiados en un 20 por ciento por el Estado, mientras que el resto lo asumen los ciudadanos.

Pese a los incrementos oficiales, la aritmética de Fidel Castro es correcta. Los pasajes son siete u ocho veces más baratos que los ofrecidos por transportistas privados.

Los cálculos, sin embargo, fallan donde siempre: en la calidad y disponibilidad de los servicios públicos. Continuamente están por debajo de la demanda o casi nunca cumplen con expectativas elementales de calidad, o una combinación de ambas cosas.

Para un viajante que se traslada todas las semanas a Pinar del Río, conseguir pasaje roza la proeza.

"Eso de que van a acabar con los boteros es una cuenta que nada más saca el Estado. Si uno va a comprar un boleto tiene que zumbarse tremenda cola, atender la lista de fallos o sacar pasaje con meses de antelación. Si se presenta un viaje rápido, no tienes en qué irte y entonces echas mano a los particulares, claro, si tienes con qué", explica molesto.

En el caso de los pasajes para avión, las cosas se ponen más feas. Se exige que para la ida se observen 90 días de anticipación y para el regreso 105 días.

"Además de que te cobran un ojo de la cara, te piden que organices tu vida como si vivieras en Alemania", dice un profesor universitario al leer la advertencia en la oficina de reservaciones de Cubana.

Alguien de la cola le sugiere la solución. Poner un letrero en la puerta de su casa con el siguiente aviso: "Se buscan adivinos".


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